“El
tren que nunca acaba de viajar”.
Va llegando la hora de partir,
y,
empiezo a buscar entre ningún lado,
entre ninguna esquina,
entre ningún espacio,
ni ningún cajón de ningún armario.
Sigo excelsamente remolón;
asimismo me hago el sordo,
y me hago el ciego,
el despistado,
y hasta pongo la cabeza debajo de una
baldosa.
No, no estoy procrastinando.
No estoy huyendo.
No estoy aletargando nada.
Tampoco quiero saber dónde dejé la
mochila.
Tengo el freno de mano apretado en mi
estómago.
Todavía no puedo viajar.
José
Ángel Castro Nogales
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22/03/2026

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