A la amiga Raquel
Con ese
lozano andar,
recorre ella
con júbilo la montaña,
sembrando sonrisas
para engrandar,
fulgurantes
prados color verdemontaña.
Como hierro que
atrae al imán,
vendavales
de regocijo la llevan a las alturas,
la mochila atiborrada
de afán,
pasiones que
no tienen remedios ni curas.
Irradia tanta
felicidad,
que plantas
y ramas giran a su paso,
brama a los cuatro
vientos su amor incondicional,
la montaña se
rinde a sus pies hasta el ocaso.
José Ángel Castro Nogales
09/02/2021
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