Enmanillado a
tu trabajo,
los siete
días de la semana,
los animales
no entienden de jarana,
y tú atento, qué
siempre lleno esté su dornajo.
Tu vida feliz
entre las bestias,
que nos
proporcionan apacible compañía,
fieles y
nobles cómo siempre nos gustaría,
mas, son alimento
con ciertas molestias.
Los animales
que han nacido en cautiverio,
su fin lo
tienen bien señalado,
su destino
irremediablemente ya asignado,
sus vidas ya
crecieron sin misterio.
Buscador de
esos campos verdes de hierbas,
selectivo del
alimento adónde pacen,
qué rumien de felicidad mientras yacen,
y que su
bienestar se expanda como cerbas.
Desde tiempos
inmemoriales,
los humanos
nos hemos alimentado de carne,
esa visión
carnívora que nos guarne,
alrededor de hogueras
sociales.
Y vaya por
delante que soy vegetariano,
no necesito
los derivados de los animales,
mi sustento
son frutas, verduras y cereales,
a ellos los estimo
como a un ser humano.
Si bien
comprendo la carne como subsistencia,
pues yo una
vez me nutrí de ella,
la ingerí y
no me hizo mella,
y guardo respeto
al que la engulle como supervivencia.
Por ello, en
estos días aciagos, querido ganadero,
eres gran solicitado
en la mesa,
cuchara, cuchillo
y tenedor en alto que sopesa,
tus carnes,
huevos y leches en el puchero.
José Ángel Castro Nogales
08/04/20
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