Y un día más
estás ahí,
dispuesta
para la batalla,
con tu arma
baladí,
que te
atraviesa la saya.
Y a pesar de
los pesares,
continúas ayudando
vidas,
oprimiendo
esos besares,
pero rociando
sonrisas latidas.
Alma de otra
materia,
espíritu
inconformista,
alargas tu
mano sin miseria,
repartiendo humanidad
altruista.
Soldado de
bata blanca,
que rozas a
diario la guadaña,
tu coraje que
no desembarranca,
y tu devoción
que tanto apaña.
Tu espada un
termómetro,
tu escudo el
corazón,
tu determinación
un calorímetro,
que mide generosidad
a la sazón.
Y si enfermas
por nosotros,
sin culpas ni
reprimendas,
deseando ya volver
a ayudar a otros,
deseosa de
retomar tus riendas.
Debe ser tu
fe en las personas,
quién te
devuelve al campo de batalla,
pues ese es
tu hogar que no abandonas,
guerrera
empedernida donde las haya.
Deudores estamos
más que nunca,
en iluminar
las verdaderas estrellas,
deshilar esa capa
novelesca bayunca,
y glorificar esas
batas blancas bellas.
José Ángel Castro Nogales
Villanueva Mesía, Granada, España
31/03/20
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