Irreconocible
te vuelves,
con tus indomables
vientos,
de tus
sañudos tormentos,
iracunda el
planeta revuelves.
Diseñadora de
tempestades,
aliviándolas
adónde más te encarte,
torrenciales
en ninguna parte,
turbiones en aglomeradas localidades.
Autócrata de
los mares
y de las
corrientes oceánicas,
tu furiosa
rebeldía aplicas,
con mera
grupada nos aguares.
En vilo nos
mantienes,
en blancas
noches en llamas,
con espesa ceniza
proclamas,
nuestra
destrucción de los bosques que sostienes.
Y con rotunda
quejumbre nos sacudes,
rompiendo
valles y montañas,
quebrando la
tierra sin artimañas,
envolviendo
toda criatura en aludes.
Con tus
susurros huracanados,
advirtiendo nuestro
rumbo sin sentido,
ignorando tu
cumplido,
acabaremos volteando
entre tornados.
Amedrentados
nos tienes,
a los seres
de este mundo,
condenados al
inframundo,
sin piedad
nos contravienes.
Creíamos ya casi
domarte,
retorcerte a
nuestro antojo,
mas, necios
de nuestro arrojo,
estamos destinados
a aclamarte.
Políglotas de
mil lenguas,
para
comunicarnos con el vecino,
y sin
comprender tu idioma sibilino,
con tu
acérrimo estornudo nos desmenguas.
Sublime tu
mecanismo de defensa,
ni tanques ni
misiles ni torpedos,
pueden
combatir tus denuedos,
casi invisibles,
letales para nuestra dispensa.
Despiértanos
de esta pesadilla,
¡Oh Madre
Tierra!
Enséñanos tu
lenguaje qué hierra,
así bajar al
pecho nuestra barbilla.
José Ángel Castro Nogales
Villanueva Mesía, Granada, España
30/03/20
Comentarios
Publicar un comentario