¡Oh río, oh
río, oh río!
Mis brazos
al viento,
mis ojos
desorbitados,
mi boca en
par en par.
Tus huellas
me acongojan,
con tu furia
demoledora,
con tu
abominable bravura,
me
resquebraja aún más.
Recogiste
tempestades,
sembraste
tormentos,
caudal en
caudal,
de mal en
mal.
Desplazaste
rocas, árboles y recias vigas de acero,
arrastraste
tinajas,
removiste
sartenes,
sesgaste
vidas,
en tu camino
hacia el mar.
Como látigo
envenenado,
a lo largo
de tus meandros,
en los
recodos de tus orillas,
en lo
profundo de tus remolinos,
atizado por
la rabia de la Madre Tierra sin más.
Cuán
insignificantes nos haces oh río,
con el
cuerpo zozobrando de miedo,
indefensos entregados
a tu sino,
¡Oh río, oh
río, qué terror nos das!
No malhieras
tu origen en l’Espluga de Francolí,
no mancilles
tu paso por Montblanc,
no derrumbes
a lo largo de Vilaverd,
no estremezcas
en tu curso otros pueblos más.
¡Oh río, oh
río, oh río!
Vuelve a tu
cauce oh río mío,
apacigua tus
aguas bonito mío,
como las
almas te vieron antaño,
hasta derramarte,
tranquilo, a la mar.
Riada octubre 2019 en l’Espluga de
Francolí
José Ángel Castro Nogales
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