“La subida fue dura pero la bajada fue más que requetedura”
No se confundan señoras y señores, sí, la carrera que parte desde Granada hasta el pico Veleta, cómo bien indica su nombre, se trata sólo de la subida. Sin embargo, luego, hay que bajar hasta el punto de partida a través de otros medios de transportes, que más tarde trataré 🙂
El despertador me suena a las 4 de la mañana. Habré dormido unas cinco horitas, pero, debería decir que bien dormidas. Tan sólo me preparo el desayuno, ya que el día anterior me preparé mis enseres y mejunjes para la carrera.
Doy un último bocado. Doy un último sorbo de café. Me cepillo los dientes y re coloco mis artilugios y mochilas en el maletero del coche, dispuesto a afrontar, muy posiblemente, la carrera más dura que jamás me haya propuesto correr 🤩
Arribo a la majestuosa Granada sobre las 6:15 a.m. Aparco, sin problemas, bastante cerquita del Paseo de la Bomba y Paseo del Salón que es adónde está ubicada la línea de salida. Es lo que tiene merodear una ciudad a horas intempestivas y en fin de semana, parece que sitio por todos lados 🚗
Abro el maletero, hago un último ajuste de cositas que meter en las dos mochilas que voy llevar conmigo; la de “trail running” que irá a mis espaldas, y, la de “senderismo” con enseres de post carrera que tendré que ingresar en uno de los autocares que se allegarán hasta la línea de meta con ella 🚌
Mientras me coloco mis cachivaches electrónicos, ya veo a gentes vestidos de corredores, que vienen de todas direcciones hacia el paseo. Antes de adentrarme en el Paseo del Salón, pregunto a un Policía Local sobre cómo funciona el tema de “cámaras que regulan el tráfico” en el interior de la ciudad, no vaya a ser que en un mes me llegue una “recetita” a casa 🙄
¡Uhm! Me gusta. Ya se ve ambiente, bastante ambiente pero sin aglomeraciones ni barahúndas de runners, puesto que el paseo es bastante amplio, y eso, que este año había récord de participantes, unos 800 corredores 😎🏃♂️
Una vez dejada la mochila post carrera en el bus, pido a una chica, que tenía un fuerte acento gallego, qué me haga una foto. “¡Vaya! Salgo muy serio… ¿Me puedes echar otra, por favor?” Le apunto alargándole nuevamente mi móvil. “Me parece que tienes cara de miedo” Me replica ella con media sonrisa. ¡Ups! Me hace reflexionar momentáneamente. “Miedo no. Lo que estoy es ‘cagao’” Le replico con una extensa sonrisa nerviosilla 😥
“¡Anda! Uno de Tarragona… ¿Me puedes echar una foto? Escucho a mi costado derecho, en catalán, mientras le estoy dando las gracias a la chica gallega por su cortesía y simpatía 😘
Él es un “chicarrón del norte”. Alto y recio. Cincuenta y largos años. Porta una camiseta blanca con el escudo del Nàstic de Tarragona. Me dice que se llama Manel. Qué es la cuarta vez que hace la carrera. Qué suele venir a menudo a Granada, ya que hizo la “mili” aquí y le trae buenos recuerdos. Qué en las últimas ediciones, también ha coincidido con otro muchacho de Tarragona, si bien parece que este año no se había presentado 🤔
“¿Qué estás con el Nàstic?” Le inquiero. Me dice que está con casi todos en Tarragona. Me dice que conoce a muchas personas de mi club y me los nombra, no obstante, no me acaba de aclarar con el club que está, o con los que está… Nos despedimos y nos deseamos suerte 🤞
Por megafonía, anuncian y llaman a los corredores al parque cerrado de la salida. Paso el control de chip y me coloco por la parte de atrás, cómo de costumbre. Y vuelvo a coincidir con Manel el “chicarrón”. Le digo que estoy con el club Trail Tarraco pero que vivo en l’Espluga de Francolí, y, que tengo casa en Villanueva Mesía, cerca de Granada. “¡Ondia! La semana pasada estuve en l’Espluga, en la carrera de la Fiesta Mayor. Este año no ha hecho calor” Me recalca. Y rápidamente nos volvemos a estrechar la mano y a desear suerte, puesto que ya están dando la cuenta atrás por megafonía y nos apresuramos a poner los relojes en marcha 🕐
Y con rigurosa puntualidad inglesa, a las 7:08, cuando la carrera debía comenzar a las 7:00 😅 se da el pistoletazo de salida, ¡Yujuuuu! 🏃♂️ Y allá que vamos… Y la verdad que entre tanta “charreta” casi que no me he acordado de los nervios… Sé que, más o menos, he estado entrenando ‘fuertecillo’ en las tres últimas semanas. Claramente, más suavecito los últimos 7 días. He realizado tiradas largas en altura, sobre 36 kilómetros entre el Veleta y casi el Mulhacén. Tirada ‘intensa’ desde la Hoya de la Mora hasta el mismo pico Veleta. Tirada suave entre Pradollano y la Hoya de la Mora. Y, para rematar, me descargué el track de la carrera y la hice en bicicleta. Así qué, ya sabía a lo que me enfrentaba, por tanto, tocaba hacerlo a ritmillo, con la clásica frase revoloteando constantemente por entre mis neuronas cerebrales el “sin prisas pero sin pausas” 😁
Damos una vuelta entera a los paseos del Salón y de la Bomba. Hace bastante bochorno a esas horas ya en Granada. Siento calor. No he dado la mitad de la vuelta cuando, al otro lado del paseo, en un terreno más bien llano, ya suben los “cocos” a toda pastilla. ¡Buuh! Cualquiera diría que todavía tienen que subir hasta más de 3000 metros de altitud 😱
Dejamos el paseo de la Bomba y nos encarrilamos hacia la carretera vieja de Sierra Nevada. El terreno es casi llano, picando siempre ligeramente hacia arriba. Será así hasta el kilómetro 11 aproximadamente, hasta la población de Pinos Genil.
A medida que vamos dejando atrás la urbe ya se empieza a notar como corre mejor el aire y se tiene la sensación de estar más fresquito. Ya empiezo a fijarme en corredores para ir teniendo una referencia visual de mi ritmo. Debe ser el instinto “masculïnus” qué me fijo en un par de chicas, concretamente en sus culos, es para contrastar los movimientos biomecánicos de sus glúteos, y qué bien lo hacían. Y qué casualidad, ¿eh? 🙃
Las empiezo a descartar, ya que observo y me percato de que están incrementando el ritmo y, apenas, llevamos unos 5 kilometrillos. Aún queda un mundo… 🤗
Entonces, en lontananza, veo a un par de “marchadores”, qué se distinguen fácilmente entre la multitud por su peculiar forma de desplazarse hacia adelante. ¡Uhm! Me sorprende. No sabía que se pudiera uno mover con fuertes pendientes utilizando la técnica de la “marcha”, así que, al llegar a su altura me relajo un pelín y les pregunto sobre mi duda. “Sí, sí, claro que se puede. Aunque al final seguramente habrá que arrastrarse y achuchar como uno pueda” Me contesta el más veterano de ellos 💪
Continúo hacia adelante. Pasamos la localidad Cenes de la Vega. Ya tengo un primer aviso de soltar algo de líquido. Empiezo a fijarme en los tipos de cunetas que hay por en redor. Y, a la que vislumbro un poco de vegetación, me paro y orino ya un poco, qué diantres, a sabiendas de lo todo y mucho que me queda, para qué esperar, ¿no? 👉
¡Ándale! Me voy a incorporar y veo a un corredor con huaraches, o sandalias, y otro con unas Five Fingers, las zapatillas de dedos, que eran como las que yo llevaba pero de color negro. “¡Vaya! Minimalistas, ¿verdad?” Pienso en voz alta. Los dos me miran a los pies y me sueltan una sonrisa. El de las Five Fingers le comenta al otro de que ya había visto a otro con unas zapatillas cinco dedos. Y, obviamente, entablamos conversación 😄
El de las huaraches dice que se llama Alberto Hernandez y que es de Getafe. El de las Five Fingers dice que viene de Valencia y que se llama Tomas Puchalt.
Recorremos varios kilómetros juntos. Hablamos de la temática de la carrera a pie y, sobre todo, lo relacionado con el minimalismo y descalcismo. Me comentan que los dos están, al igual que yo, en las páginas del Facebook del “Amigos del Minimalismo” y “Amigos del Descalcismo”. Si bien, no me suenan de haberlos visto en alguna publicación, en especial en la página de descalcistas. Bueno, también me comentaron que no corrían descalzos 🙄
Y así, de una manera muy amena, corrían los kilómetros y corrían las palabras, llegando a mentar a ilustres de este mundillo como son Alberto Calvete Feliu, el gran Ares Descalzo, a la grandísima Barbara Campos Vizoso, y a uno de los más grandes del mundo mundial como es Scott Jurek y, finalmente, haciendo hincapié al más grande de todo el universo universal en lo que al ultrafondo atañe, al mismísimo Yiannis Kouros, que está a las puertas del retiro de la competición y aún ostenta todos los récords mundiales a partir de las competiciones de las 12 horas 💪💪💪
Decido hacer otra “paradiña urinaria” Alberto y Tomás me acompañan. Nos incorporamos Tomás y un servidor. Alberto se queda algo rezagado. Al echar a trotar nos da caza el “chicarrón tarraconense”. Manel va bien, intercambiamos unas palabras los tres en catalán, no obstante, el “gladiador de Tarraco” parece que lleva buen ritmo y paulatinamente se despega de nosotros🏃♂️💨💨💨
Y, entre pitos y flautas y, habiendo traspasado ya hacía un rato el pueblo de Los Pinillos, casi sin darnos cuenta, al menos yo, llegamos a Pinos Genil. “¡Aquí empieza el baile, amigo!” Le suelto a Tomás el minimalista en referencia a la carretera que se pone derecha y bien empinada hasta la línea de meta, exceptuando un par de falsos llanos cortos. Así le digo que en el giro a derechas seguramente me lo tome con calma y que caminaré un ratito 😉
Efectuamos el giro y dejo que Tomás se aleje de mí. Aminoro la marcha notablemente pero, en última instancia, decido correr un pelín más, pues la subida no me impactó terriblemente en las piernas. Apenas recorridos unos 400 metros de subida, decido caminar, antes, por qué no, echar otra pequeña descarga de líquidos corporales y me tomo un gel tranquilamente mientras camino 😋
“¡Así no vas a llegar!” Escucho a mis espaldas. Me vuelvo y veo una sonrisa en el rostro de Alberto el huarachero. Le alzo la mano como saludo y le respondo qué sí, qué no sé cuándo pero que llegaré. Sube a ritmillo y se le ve fácil. Ya no le volvería a ver más 🙄
Y aquí empieza mi carrera. Me ensimismo. Interiorizo mis percepciones, mis emociones, mis sentimientos, mis pensamientos 🙌 Acto, que solamente se logra cuando estás a solas contigo mismo. He aquí que empiezo a calibrar fuerzas, recorrido, esfuerzos y vuelvo a fijarme en corredores que me preceden para llevar una mera referencia visual de mi ritmo para con el resto. Asimismo, debo mentar que llevo mi chuleta con el kilometraje de los puntos de avituallamientos, puntos de cortes y una división de los kilómetros restantes entre avituallamientos, ya que es mucho mejor y más llevadero, el saber que solo te quedan unos pocos kilómetros hasta el siguiente “respiro y recarga de combustible” que pensar en los kilómetros totales que te quedan de carrera 🤗
Comienzo a hacer “la goma” con una chica y con un hombretón, también altote y fortachaco, de piel oscura, y de mediana edad ambos. Vuelvo a parar a orinar, ¡buh! ya no sé si debo mirarme esto de orinar tanto, lo único que sé es que me pasa durante las dos primeras horas de carrera, luego, parece que me estabilizo y hago pipí cuándo parece que toca y ya está 🤔
Al incorporarme extraigo mi “chuleta” para ver la primera hora de corte. ¡Uhm! Voy con una hora de margen más o menos sobre el horario establecido. Está bien, pero sé, por experiencia, que no es demasiado, ya que si te pilla una “megapájara”, los minutos caen en un santiamén 😳 Y ya si te entran las prisas, los nervios y no dejas de mirar el reloj, ya no digo nada. O sí, sí, tal vez debería decir que tan sólo desaparece la diversión 😔
En eso que se me pone a la altura el hombretón. “¡Yo français. No español!” Me contesta a mi pregunta de si sabía que la organización daba 10 horas para acabar el evento. “¿English?” Le inquiero de nuevo para intentar un contacto verbal interracial. ¡Nanai! “Naranjas de la china…” Qué tampoco chapurrea inglés, ni yo francés 😬 Pero qué ‘grande’ que puede llegar a ser el ser humano cuando hay voluntad de entenderse y de ayudarse mutuamente, inclusive si no utilizan un mismo lenguaje, y, pone en funcionamiento unas prácticas universales como son los gestos, expresiones faciales y pequeños “chapurrencillos” de palabras sueltas qué, aunque no entiendas, la comprendes por el remarcado énfasis y el sentido global voluntario que se le atribuyen 💙
Total, qué me dijo o me hizo entender, que era su sexta “Subida al Veleta”. Qué no me preocupara del tiempo, que daban horas de sobra. Y que él, al principio, de la misma manera llevaba consigo una “chuleta” con los cortes horarios. Su paso, de caminante, es mucho más largo que el mío, por tanto, nos despedimos y deseamos buena suerte 👍
Continúo la subida caminando. Al poco ratito me alcanza la chica. Y entonces le pregunto a ella para reafirmar las palabras del “franchute”. La mozuela me suelta una parrafada. ¡Ups! Su respuesta me deja ‘fuera de órbita’. Estoy totalmente confuso por unos momentos 😳 ¡Caramba, caramba! No sé si me ha contestado en un andaluz muy cerrado o, por la contra, no sé si me ha contestado en euskera. Ahí va un trecho, ¿eh? 🧐
Tras el “¿Cómo?” ignorante de turno, la chica me dice, ahora sí con un acento más bien del norte, norte, qué sí, que por lo menos dan 10 horas y que por norma general toda la gente acaba la carrera. Le doy las gracias y también se aleja de mí con paso firme 🚶♀️
Finalmente me guardo la “chuleta”. Hechos ya unos pequeños cálculos, pues cómo sé que no queda demasiado para el primer avituallamiento con sólidos y el primer falso llano, echo a correr 🏃♂️
Estoy tocando el primer avituallamiento grande. He pasado al francés y a la vasca, los corredores con quien estaba haciendo la goma, y, ya le he echado el ojo a otros dos que parece que van juntos. “¿Falta mucho para la última subida?” Dice uno de ellos voz en cuello en mitad del avituallamiento, haciéndonos saltar la risa a los allí presentes, claro está 😂
El “duo del gracioso” abandonan corriendo el puesto de avituallas delante de mí. Doy un último bocado a un cacho de naranja y también me pongo en movimiento. Empiezo andando y tras unos cuántos pasos me pongo a correr 🏃♂️
Muchos cicloturistas que asimismo suben para Sierra Nevada, nos dan ánimos y apoyo mientras nos adelantan👏 Aquí ya se empieza a ver gente con cierta fatiga. Alguno está quejándose de las cuestas. Otro, está sentado en un guardarraíl de la carretera mientras un compañero le está haciendo un masaje en una de sus pantorrillas. No hay duda que se debe a los calambres 😰
Alcanzo el primer falso llano, ¡jó! tan falso, que incluso hace bajada y todo. En unos escasos 150 metros de bajadita no veo ni al “tato” en el horizonte 🧐 no se ve alma alguna corriendo delante de mí, eso significa que todavía hay muchas fuerzas al frente. Yo no me vuelvo loco por correr ni por alcanzar a nadie, a sabiendas, de que el cruce a tomar a la altura del “Centro de Visitantes de El Dornajo” está a unos escasos 500 metros y ahí espera otra subida fuerte, fuerte, de unos 7,7 kilómetros hasta el próximo avituallamiento de sólidos y corte de tiempo 🤗
Cambio de carretera. Y no sé por qué, vuelvo a preguntar a un hombre que vestía de blanco, situado justo en mitad del cruce de carreteras de “El Dornajo”, pensaba que era un juez de carrera, sobre las 10 horas límite. “Pregúntalo más adelante, a los jueces de carrera” Me comunica el señor. Y me doy cuenta de que realmente no me hace falta volver a saber sobre las horas límite de carrera 🙄
Paso bajo un arco de ‘meta volante’ y nos toman el número de dorsal. La carretera se estrecha, con un firme bien pero rugoso. ¡Uhm! Me hago consciente de que voy bien de pies, y, de que estoy haciendo la distancia más larga con calzado minimalista hasta la fecha 💪 Pero cómo qué voy bien, pues nada, qué voy para adelante, disfrutando, y ya está. No hay que darle más vueltas ✌
Las primeras rampas me las tomo con calma. Ando, camino, me hidrato, me alimento y me tomo mi primera píldora de sales. Todavía se ven bastantes pinos por las inmediaciones 🌲 Debemos estar a unos 1700 metros de altura. Miro al frente y veo que los corredores y corredoras que me preceden se cambian al lado izquierdo de la carretera, buscando la sombra de los pinares, a pesar de que deberíamos circular por el lado derecho de la calzada, como el tráfico regular 🤗
La carretera se tiende algo, así qué, decido echar a correr. Comienzo a adelantar a corredores a cuenta gotas. ¡Uhm! Veo a un tipo corpulento delante de mí. Porta una camiseta blanca. Me recuerda a Manel el “chicarrón del norte”. Me coloco a su altura. Le lanzo una fugaz mirada cansina. Él me la devuelve con cierta fatiga en su rostro. Y, a decir verdad, fue todo tan rápido y esforzado qué, ni él me reconoció ni yo a él tampoco 🤓
Luego sobrepaso a un par de corredores los cuáles ya tenía “fichados”. “¡Joer! A vosotros dos ya os he pasado 40 veces…” Les suelto con una sonrisa. Ellos me la devuelven para comprobar, efectivamente, que se trata del “dúo del gracioso”.
Unos metros más adelante, me topo con otro corredor, más bien ‘master’ que ‘veterano’ diría yo. “¡Venga, ánimos, adelante!” Le suelto en catalán, ya que pude leer que las inscripciones de su camiseta se refería a una de las famosas caminatas de resistencia de la FEEC, la Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña. Y me responde en un castellano andaluzado, inquiriendo sobre mi procedencia en tierras catalanas.
Empieza el curveo y con ello las fuertes rampas temidas. Pues nada, hala, a caminar se ha dicho 🚶♂️ Más cicloturistas nos van animando mientras nos adelantan. Ora troto, ora camino, luego corro. De esa manera arribo al siguiente avituallamiento 🥤
Mientras bebo agua en el avituallamiento se acerca un “hombretón”. ¡Uhm! Sí, es él, es Manel de Tarragona. “¡Vas bien. Ya he visto que vas corriendo todavía. Bien, bien!” Me dice. Él sale “escopeteao” del avituallamiento. Nos despedimos, pues yo me tomo mi tiempo.
Salgo del punto de agua y echo a correr de seguida. Qué bien me vino subir la semana antes en bicicleta, pues sabía qué, hasta la próxima parada con líquidos y sólidos y punto de ‘tiempo de cortes’, ubicada justo en el cruce de la carretera de Pradollano, eran unos 3 kilómetros con una subida suave 😉
Vuelvo a adelantar a Manel y a otros participantes.
En el súper avituallamiento del cruce de Pradollano, había de todo y en gran cantidad, el más grande de todos sin duda alguna, me topo con Tomas Puchalt, el otro minimalista que asimismo calza unas “Five Fingers”.
Intento entablar conversación. Le pregunto qué cómo va, me responde escuetamente que más o menos bien. Sin embargo, más que fatigado lo veo estresado, pues va de aquí para allá buscando algo, imagino, algo específico, que llevarse a la boca para comer y beber 🤨 Yo como y bebo y echo un vistazo a la hora de corte, qué eran 5 horas y 10 minutos. Me sobraba una hora más o menos, una horita de margen todavía 👍
Abandono el avituallamiento e intento echar a correr. Doy un par de pasos ligeros, si bien, paro de seguida y camino, pues he notado bastante dificultad y sé que el terreno qué me espera hasta el próximo punto de ‘tiempo de corte’ situado en la Hoya de la Mora, son unos 5,3 kms con rampas largas y duras, bueno, más que súper empinadas, se caracterizan por ser bien largas y siempre a la vista ⛰
A partir de este tramo, ya no quedan árboles a la vista, debemos estar a 2100 metros de altura sobre el nivel del mar. Ahora tan sólo se observa vegetación a ras de suelo, tipo leguminosas y matorrales 🧐
Mi caminar no es ligero, es más bien de pasos cortos y sostenidos, creo que, inconscientemente, camino así como hábito de recuperación. Y me adelantan unos cuántos corredores. No me altero ni me pongo nervioso, para qué 🤗 Lo que hago, por la contra, es disfrutar de las espectaculares vistas de Sierra Nevada. El pico Veleta ya se ve bien definido al frente, con su característica forma de vela. Parece que está ahí mismo, que lo puedes alcanzar con la mano, pero, sé qué no lo está, qué aún falta un buen trecho. A la derecha, toda la enorme sierra siendo vigilada por la omnipresente presencia de Pradollano, esa mítica localidad turística, especialmente de largos inviernos ❄
Doy caza al ‘gracioso’ del “dúo del gracioso”. Percibí, hacía un buen rato, que su compañero se despidió de él y desapareció cuesta arriba. Comentamos sobre el CAR de Sierra Nevada, El ‘Centro de Alto Rendimiento’ en dónde la élite de los deportistas españoles y, también extranjeros, se dan cita para experimentar los esfuerzos de sus cuerpos en altura 💪
El ‘gracioso’ se queda atrás. Vuelvo a pensar a echar a correr, emito 3 o 4 pasos y, repentinamente, siento un extraordinario dolor de piernas 😱 ¡Ojúuuuu! Qué dolor de piernas 😥 Continúo caminando. Y veo que a unos escasos cientos de metros hay otro punto de agua y una camilla en dónde se realizan masajes para los participantes que deseen relajar sus piernas. ¡Buuuh! Qué peligro pensé para mis adentros. Si ahora mismo me estiro aquí, yo ya no me levanto en todo el día 😅
Lanzo una mirada al horizonte y ya distingo el aparcamiento de la Hoya de la Mora, el último control de ‘tiempo de corte’. Sé que allí vuelve a suavizar algunos pequeños tramos la carretera y tal vez haría el intento de volver echar a correr. Ese avituallamiento está formado por súper amables y súper simpáticos miembros de la Fundación Josep Carreras contra la leucemia 💖
Dejo atrás el avituallamiento de la fundación y decido echar a correr 🏃♂️ Me cuesta al principio pero de seguida se esfuerzan y adaptan mis músculos y veo que aguanto, así pues, venga, “parriba” 😃
Hay muchísima gente; autocares, coches, ciclistas y gente que sube y baja por la Hoya de la Mora. Casi que tengo que zigzaguear por la carretera. Muchos me animan y aplauden al paso 🤟 ¡Claro! Recuerdo que la “Minisubida” sale justo desde allí y, además, es domingo, el fin de semana ya de por sí, se llena Sierra Nevada. Entre tanto bullicio no me acuerdo de mirar el horario de ‘tiempo de corte’. Qué más da. Lo importante es saber que voy bien 😀
Cruzo la barrera que detienen a los coches no autorizados. A partir de ahí, solamente transportes mecanizados autorizados pueden circular por lo más alto de la sierra. Es el kilómetro 38. Apenas quedan unos 12 kms hasta cruzar la línea de meta. Es la recta final, no obstante, es adónde comienza la carrera de verdad, ya que dependiendo de cómo hayas gestionado las fuerzas cambia, y muchísimo, de cómo finalizar la dura prueba 🕵️♂️
Continúo corriendo por un lado de la calzada, pues hay que estar atento a los ciclistas, motos de Guardas Forestales, microbuses y motos de la Guardia Civil. El pico Veleta ya se ve claro y se alza majestuoso en lo alto de la sierra 🗻
Adelanto a otros corredores. “¡Venga, vamos, qué ahora ya lo tenemos!” Les animo. Unos miran pero no dicen nada. Otros exclaman para responderme. Y algunos otros me dicen qué soy un máquina, qué de dónde saco las fuerzas para continuar corriendo. Sí, me halaga 😘 pero los máquinas diría yo qué son los que llegaron hace unas cuatro horas, ¿no? 😄
Paso bajo el monumento de la Virgen de las Nieves. Unos metros más arriba adelanto al minimalista Tomas Puchalt. Le doy una palmadita en la espalda y nos animamos mutuamente 👍 Otras gentes nos animan a todos los corredores al paso 🤩
La idea es correr hasta el cruce de la carretera de Los Borreguiles, puesto que a partir de ahí, durante unos 5 o 6 kilómetros la carretera ya se pone bastante derecha y no sé si podría aguantar hasta el final corriendo 🤞
Sin embargo, doy un par de curvas y, de pronto, un fortísimo viento me atiza de frente, forzándome a caminar con cierta dificultad y sujetándome con una mano la gorra y, con la otra el dorsal para que no volasen 😨 ¡Buuuhhrrr! Sí, el viento. Lo tenía en mente, sin embargo lo esperaba más arriba 🌬 Siempre que he subido al Veleta, siempre, siempre, el viento ha hecho acto de presencia con fuertes rachas 🌀
Llego a una mesa, que está casi vacía, en dónde hay dos personas. “¡Ehr! ¿Es esto un avituallamiento?” Pregunto. La chica me responde que sí, que lo tienen todo recogido, sino el aire se lo llevaría todo. Qué si quiero agua. Ya parado, le respondo que sí. Echo un sorbo y entablo conversación con un señor de Murcia y compartimos unos pocos kilómetros hablando de cómo nos iniciamos en esto de correr, de motos y del deporte en general 🙂
No recuerdo su nombre, pero sí me acuerdo que andaba rápido y enérgico. Yo tuve que acelerar una miaja mi paso, y, percibí que él aminoró un tanto su velocidad de crucero.
En lontananza me fijé en la curva del refugio de la Carihuela. ¡Uhm! Compruebo mi reloj. Clavo mis ojos en el refugio. Calculo a “grosso modo” las distancias por hacer. Quedarían unos 3 kms aproximadamente para la línea de meta. Se me pasa por la cabeza echar a trotar, correr sería tarea casi imposible por el viento, las fuerzas restantes y la pendiente de la carretera 🤔
Delante del murciano y de un servidor, me fijo que otro chico estrecha su mano con la de su compañero de fatigas y sale corriendo con el viento en contra y la fuerte pendiente. ¡Uff! Yo no puedo echar a correr así 😳
Le digo al murciano que me entran ganas de echar a trotar. Le animo a que coja su ritmo y, así, poco a poco, se va alejando de mi presencia. Yo de la misma manera cojo mi ritmillo hasta que en una curva y con el viento de espaldas, aprovechando el empujoncito del aire, pues ¡ea! qué echo a trotar a ver cómo voy🏃♂️
Se me adaptan los músculos, se me aclimata la respiración. Siento algunos pequeños mareos, eso es síntoma de más de los 3000 metros de altura y la falta de aire. Nada nuevo, eso, sin duda, es la falta de oxigenación en la sangre, pero, también noto que me adapto en un santiamén 😃 Mi respiración se estabiliza, desaparecen esos mareíllos y noto que las piernas se me mueven empujando hacia adelante. Nada, pues “palante” 💪
Doy un par de curvas. Me preparo para recibir el impacto del fuerte viento de cara. Y, para mi sorpresa, sí, sigue soplando pero me permite continuar trotando montaña arriba. De vez en cuando levato la mirada al horizonte, siguiendo el recorrido de la carretera, pensando, si Alberto Hernandez, el otro minimalista, habría llegado ya o tal vez lo atraparía con sus huaraches montaña arriba 🤔 ¡Ups! Más tarde descubrí que llegó una horita antes que yo 👏
Encaro la larga recta que lleva al refugio de la Carihuela. El asfalto aquí ya está resquebrajado y en muy malas condiciones a causa de las inclemencias del tiempo. Ya tengo que ir prestando atención adónde aterrizan mis pies, puesto que los 7 milímetros de suela de mis zapatillas no absorberían los impactos y pinchazos de piedras puntiagudas 😌
En mitad de la larga recta, el ejército tiene un último avituallamiento con líquidos. A medida que me voy aproximando les pregunto, a voz en cuello, qué cuánto queda para la meta. “¡2 kilómetros y ya lo tienes!” Me responde un soldado con un vaso de agua en la mano. Le doy las gracias a él y alzo la mano izquierda para saludar al amiguete murciano que estaba parado ingiriendo líquidos por última vez en la subida 🖐
Y decido trotar y trotar hasta la línea de meta 🏃♂️ Voy sorteando piedras, senderistas y ciclistas, puesto que voy escogiendo el terreno más fino y suave para poder correr. Hago el giro próximo al refugio. Me quedan unos pocos cientos de metros, eso sí, ya por piedrecillas casi todo.
Y ya veo la edificación del último telesillas que sube al pico Veleta y en dónde está situada la meta 😀 A medida que me voy acercando veo a una cola de gente. Justo antes de hacer el giro hacia el telesillas, me echo a un lado del camino, puesto que llega un microbús y me suelta un acelerón, con el tubo de escape a mi lado y me lo echa todo en la cara 🤬
Hago el giro y afronto ya la última rampa. Algunos de la cola aplauden y animan. Ellos también son corredores que ya han acabado la prueba. Veo como se mueven por el viento los estandartes de la línea de meta. “¡Ahora sí, esto ya está hecho!” Me digo y sonrío interiormente 🙂 Y cruzo la línea de meta por un lado, puesto que estaba ocupada por un grupo de corredores a los que le estaban haciendo una mini entrevista el “speaker”. Al final, feliz y contento, por la gestión de la subida llevada a cabo. Tenía pensado de hacer unas 8 horas antes de empezar la carrera. Y paré el crono en un tiempo oficial de 7 horas, 33 minutos y 35 segundos 😉
Una vez finalizada la prueba, le pido al ejército mi mochila con mis enseres. Bebo agua y Coca-Cola de la organización. No tienen comida sólida, me dicen. Bueno, pues me siento en una piedra y me hidrato con lo me que han dado y con lo que yo llevo casero. Miro y observo a los participantes que van llegando y a los que ya han llegado que están también sentados recuperándose del tan grande esfuerzo 👏
“Si te puedes levantar, ¿me podrías tirar una foto?" Me pide un participante que tengo a mi lado izquierdo. Me levanto con cierta fatiga de la piedra y consigo echar la foto ¡yujuuuu! 😅
Entablamos conversación. Me dice que estuvo el año pasado y que hizo unas 6 horas. Pero, qué no sabía por qué, este año no se había encontrado bien y ha acabado en 7 horas y pico. Las largas distancia son como una lotería, nuca sabes cómo irá la cosa. Me dice que es un pueblo de la Sierra de Cazorla, Jaén ⛰
“¿Está cerca de Pontones? Le cuestiono. Me afirma qué sí con la cabeza. Entonces le digo que tengo un amigo de allí y que en septiembre tienen unas carreras de montaña muy chulas. Obviamente, me lo reafirma y me invita a hacer alguno de los varios recorridos que tienen disponibles. Eso sí, me mete prisas para que me inscriba con la excusa de que se están acabando las inscripciones. Y nos estrechamos la mano y nos despedimos👋
Y yo me siento ya semi recuperado, por tanto, me dispongo a preguntar que hay que hacer para bajar hasta Granada. Una chica de la organización me dice que se ha estropeado el telesillas que nos debería bajar hasta Los Borreguiles. Y que hay una hora y media de espera para los microbuses. Me recomienda encarecidamente que me baje a pie hasta Los Borreguiles que es adónde se coge el telecabinas hasta Pradollano 🙄
Allí nos darán comida, bebida, premio de finisher y las duchas. Y de allí hasta Granada parten los autobuses.
Me voy con mis dos mochilas, la de correr y la de senderismo hasta la cola a esperar los microbuses. Una vez allí repregunto a un muchacho si es esa la cola para los microbuses. Después de responderme que sí, me confirma asimismo que hay que esperar un poco, si bien no se trata de una hora y media, sino, de unos 30 minutos 🤨
Bien, de momento espero. Durante la espera siguen subiendo corredores. Aplaudo y animo como otros que estamos esperando al microbús. Sigue soplando el aire, si bien más bien suave, pero me entra algo de frío y decido ponerme el chubasquero. Siguen subiendo más corredores. Uno de ellos era Manel de Tarragona. Le animo y aplaudo y nos chocamos los “5” 🖐
Me siento bien e, incluso, con ganas de moverme. ¡Uhm! Veo a dos hombres que están parados en mitad del camino que lleva hasta el mismo Veleta. El pico está a unos escasos 200 metros de nosotros. Ellos dos se encargan de desviar a los corredores hacia la línea de meta. Me responden que son de la organización a mi pregunta.
Agarro mis dos mochilas y me dirijo hacia ellos. Tras mi pregunta me contestan lo mismo que me dijeron en la línea de meta: qué era mejor bajarse hasta Los Borreguiles andado, qué en línea recta apenas eran 2 kilómetros. Y que el sendero se cogía a unos 10 metros de dónde estábamos 🤔
Pues, como que el cuerpo me pedía movimiento, decidí tirar hacia abajo 🚶♂️ El primer sendero bajaba dirección al telesillas, no obstante, torcía hacia el lado derecho de la montaña, conectando de nuevo a la carretera. Haciendo medio campo a través, con mis zapas de 7 milímetros, ya se me estaba complicando algo la cosa frenando y sorteando piedras con las piernas cansadas 😰
De vez en cuando miraba hacia atrás para ubicarme y ver si bajaba alguien tras de mí. Vi, en las alturas, que un mozuelo seguía mis pasos. Bajaba ligero, con dos bastones, dudando yo de si era un corredor de la “Subida”. Al llegar a mi altura le pregunté si Los Borreguiles era el penúltimo puesto del telesillas que estaba justo en la carretera. Y me contesta qué no, qué Los Borreguiles se trata del complejo en dónde salían los telesillas hacia lo más alto de la sierra y los telecabinas hasta más abajo en Pradollano 😳
“¡Oooh boy! Cagatus la hemus…” Me dije para mis adentros 😱 Yo pensaba que Los Borreguiles estaba justo debajo de mí, a tiro de piedra, a unos pocos cientos de metros ya. Miro fugazmente el tramo bajado. Serían unos 500 o 600 metros. ¡Uff! Lo seguro es que no vuelvo hacia arriba. Resoplo. Cojo aire y continúo a mi ritmillo descendiendo por el lomo de la montaña 🤗
Sigo mirando hacia arriba y hacia abajo. Observo que viene otro chico por detrás mía. También baja ligero y asimismo era corredor. Me dice que sí, qué Los Borreguiles es el complejo de abajo y que el chico que bajaba campo a través, en línea recta, era porque llevaba bastones. Sí, y calzado adecuado pienso yo. Me indica que él irá por senderos 😶
Se aleja de mí, yo voy con las “Five Fingers” y claramente no puedo seguirlo, sin embargo lo sigo con la mirada para ver los senderos que toma 🕵️♂️ En una de mis “paradiñas” alzo la cabeza y lo pierdo de vista. ¡Ups! No hay rastro de él. Minutos después, veo que está andando por la carretera. ¡Santo dios! Eso significa más kilómetros. Ni hablar🤦♂️
Así que decido tirar por tramos campo a través y tramos por senderos. Al muchacho de los bastones ya hace rato que no se le ve el pelo, ni rastro de él. Sigo con mi marcha. Se me está acabando un sendero y veo que llegaré a la carretera. Y detecto al chico último que casi me lo cruzo y alcanzo, ya que él bajaba por la carretera.
De tanto en tanto veo un tránsito de microbuses. ¡Uhm! Descaradamente no era cada hora y media. Eran mucho más frecuentes, sin duda alguna 😐
Decido volver a seguirlo, puesto que esta vez ha dejado la carretera y ha tomado un camino. El camino se acaba en una cabaña con un buen rebaño de ovejas alrededor 🐑 Me paro y lo busco para ver por dónde ha tirado. Vislumbro al muchachote que ha bajado campo a traviesa, por un pequeño valle, siguiendo el pequeño cauce de un riachuelo.
Y bien, como que veo los edificios de Los Borreguiles justo enfrente de mí, a unos 800 metros de distancia, en línea recta, decido parar para beber agua, comer una barrita energética, acabarme el batido casero y, además, para hacer mis necesidades 😉
Pasaría unos 15 o 20 minutos. Finalmente levanto mi trasero de la hierba. Cruzo con cuidado y vigilante parte del rebaño de ovejas, que me miraban así como de reojo 😅 Cruzo el riachuelo y vuelvo a adentrarme por otro sendero que se acaba en un gran poste de un telesillas.
Allá me toca volver a hacer campo a través. Tengo las plantas ya un poco fatigadas. Me voy hacia el lado izquierdo del montículo y no veo gran dificultad pero no hay sendero. Hay que cruzar por mitad de la montaña. Busco al otro lado del poste del telesillas. Allí descubro el cauce de un río, seco, formado por grandes rocas y piedras. Se me dibuja una sonrisa en la boca y cierto cosquilleo en los pies 👣 Sí, esas grandes piedras y rocas me lo agradecerán los pieses.
Desde la altura miro hacia abajo pero ya no veo al chico. Parece que ya habrá llegado. Sólo quedan unos 500 metros hasta Los Borreguiles. Y “pallá” qué voy 🚶♂️
La bajada era técnica pero confortable para las plantas de mis pies. Algunas piedras se movían, había que ir con algo de cuidadín. De vez en cuando se me quejaban los cuádriceps, pero nada fuera de lo normal. Así llegue al final del río seco y las grandes piedras y rocas. Hice un tramito de campo a traviesa y conecté con un sendero lleno de pichos fuertes, robustos y punzantes. ¡Auch! Tuve que parar y sentarme para extraer uno de esos pedazos de pinchos que atravesaron la suela y parte de mi carne de mis “Five Fingers”😌
Pero ya casi estaba allá. Llamé la atención con mi mano a uno de los trabajadores del telesilla por el cuál pasaba muy cerquita del senderito y que iba a lo alto de la sierra, qué por cierto, estaban siendo usados mayoritariamente por bicicletas y ciclistas de descenso 🚵♂️
Me confirma de que efectivamente eso era Los Borreguiles y que el telecabina que desciende hasta Pradollano está justo al otro lado de la calle 👍
Me adentro al acceso del telecabina. Pregunto si ya han bajado todos los corredores. He perdido la noción del tiempo. Me piden el dorsal y una chica simpáticamente me responde que no lo sabe a ciencia cierta, pero sabe qué hacía unos pocos minutos había parado un microbús con corredores. Le inquiero de cómo hay que subirse y bajarse del “chisme” y ‘pabajo’ qué voy 🚠
La vistas desde la altura del telecabina eran meramente espectaculares 😍 Se veía gran parte del valle y las pistas de esquí qué no se llegan a ver desde la carretera. Los telecabinas que me cruzaba estaban abarrotados de más bicicletas y ciclistas rebozados de protecciones para pecho, brazos, espalda y con sus respectivos cascos 🚵♂️
De vez en cuando miraba abajo para seguir con la vista el trazado de los ciclistas a lo largo de las pistas de esquí, teniendo que sortear curvas cerradas y saltos de todo tipo de terrenos naturales y artificiales 💪
Y ya llegaba a Pradollano con dolores en los pies, en las piernas y otras partes del cuerpo. Con 50 kms y siete horas y media de ascensión, y, unas 2 horas y media descenso, haciendo un poco de ‘trail running’ y ‘barranquismo’ 😅
Sin embargo con el corazón pletórico y el espíritu en alza por la “aventurilla” vivida 💙💜💚💛
Y podría continuar con una última “mini odisea” hasta bajar a Granada. Pero eso ya son temas de burocracia. El plato fuerte ya está servido...
¡Bueno, pues, hasta la próxima! 😀😉👍
Domingo 4 de agost0 de 2019
Amigo, me ha encantado tu narración, entretenida y veraz. Un abrazo
ResponderEliminarMuchísimas gracias Antonio. Un placer compartir experiencias sobre un terreno que conoces muy bien, campeón. Saludos...
ResponderEliminar