“Dando caza a lo impensable de una
manera impensable”
Hoy ha sido uno de esos días qué no
sabes si es mejor olvidarlo o, por el contrario, guardarlos bien en el
inconsciente, puesto que a sabiendas que lo difícil, lo duro y el lidiar con el
sufrimiento, curte.
Hoy he sudado ríos de tinta, casi de
sangre y casi de lágrimas. Hoy, por primera vez que practico el descalcismo, y
el deporte en general, debo mentar, alto y claro, que no he disfrutado para
nada la carrera. A continuación os explico el porqué…
Hoy tenía un buen reto que afrontar. En
teoría, debía de ser un “Gran Reto”, ya que 30 kilómetros descalzo, comienza a
ser algo importante, y en especial para mí, ya que apenas he corrido un par de
medias maratones y “me tiré a la piscina” a por los 30 🙃
Semanas atrás, sabía de antemano, que no
estaba preparado físicamente para la distancia. Físicamente me refiero a los
pies, ya que descalzo, cambia el apoyo del pie y con ello se cambia, asimismo,
los grupos musculares, tendinosos y nerviosos tanto de los pies como del resto
de las piernas. Y yo, cómo que no soy descalcista puro, pues voy alternando
zapatillas con el descalcismo, os digo, para los que no lo sepan, que aunque
sean zapatillas minimalistas las que uso de apenas una suela de 5 milímetros y
drop 0, totalmente planas, se nota, y bastante, sobretodo a la hora de
incrementar distancias.
Pues eso, que para quitarme las dudas si
realmente me veía capacitado para correr esos 30K, justo una semanita antes
realicé una tirada larga, descalzo, por asfalto, de 28 kilómetros y casi 500
metros de desnivel positivo 😳 Y para mi sorpresa, debo decir que las sensaciones fueron fantásticas 💪 Tan
fantásticas, que incluso ya estuve ojeando la maratón d’Empúries para de aquí a
unos cuántos meses. Vamos, qué los 30 kilómetros de Tarragona los veía ya
hechos, incluso antes de correrlos.
El sábado, el día antes de la carrera,
me produjo un gratísimo placer reencontrándome con mis amigos descalcistas de
Barcelona, en persona, en la recogida de dorsales. Allí estaban Antonio Fontiveros, Jesus Angel, José Luis Díaz Flores o Human Running. ¡Je,je je! No me hacen sentir como “bicho raro”.
Además, esto del descalcismo, te hace conectar de una manera natural e
instantánea y espontánea con tus semejantes en un “plis-plas”. Te aborda esa
sensación de que los conoces como de toda la vida 🤗
Hablamos de esto, hablamos de lo otro y
de lo otro aquello también… Y, por supuesto, de mucha técnica de carrera.
¡Jolín! Y cuánto sabe de tecnicidades sobre el atletismo Human Running 👨🎓👨🏫 Me volví
al pueblo con la moral bien alta para afrontar al día siguiente ese nuevo reto.
De buena mañana, como supongo que
también os pasará a algunos de vosotros cuándo sabe que tiene una tarea
importante que hacer, me levanté de la cama antes de que me sonara el
despertador ⏰
Hice lo habitual: desayunar bien,
ultimar la bolsa de deporte con las ropas, comida, bebida y enseres que
llevarme para la carrera y tal y pascual 😉 Si bien, ahora que lo pienso, las sensaciones que tenía mientras conducía
a los largo de esos 43 kilómetros que me separaban de la “Anella Mediterrànea”
de Campclar, la salida del maratón y demás carreras, era un tanto extrañas, un
tanto contradictorias, puesto que no sentía el “clásico y común” nerviosismo a
la hora de prepararme para el objetivo 🤔 ¡Uhm! No
sentía dudas. No sentía confort. Y tampoco diría que sentía desacato por el
reto, pero, tampoco diría que le tenía cierto respeto. Era tal cosa como ir
allí y hacer la carrera y vuelta para casa, sin más. Lo contradictorio era que,
me sentía tan seguro como temeroso, ya que el jueves antes, mi osteópata,
después de crujirme una vértebra de la espalda, de hincarme sus dedos
firmemente en las plantas de los pies y de casi acabar conmigo clavándome sus
dedos en los músculos maseteros, los de la mandíbula, para el intento de
reequilibrarme esqueléticamente hablando👨⚕️me
aconseja vivazmente el no realizar los 30K, puesto que detectó en mi 5º
metatarsiano de mi pie izquierdo cierta fragilidad y debilidad en la zona 😱 “Yo que
tú haría la de 5 o 10K y suave para ver cómo evolucionan esos dolores. Y, si al
final haces la de 30K, si al día siguiente sientes dolores en el pie, vete
“escopeteao” para el médico a que te hagan una radiografía para ver si existe
fractura” 😭 ¡Joer!
Pues debo decir que un tanto confuso sí que estaba. Sin embargo, ya le
comuniqué que esos dolorcillos hace un tiempecito que los tengo, pero, que una
vez arranco a correr, se me coloca todo en su sitio y se me pasa todo 😁
Arribo a la “Anella Mediterrànea” una
hora y cuarto antes del comienzo del evento. Veo ya movimientos de gentes;
voluntarios, organizadores, que están montando y organizando sus cosas por la
entrada del recinto. Encuentro aparcamiento fácilmente. Se ve espacio de
sobras. Me bajo del coche. Abro el maletero. Cojo la bolsa de deporte y, al
cerrarlo, la zona de batería ya está repleta de coches. ¡Phew! Qué bien va
madrugar😊
Me voy derechito al pabellón. Me pido un
café solo mientras espero a, además de José Luis, de Antonio y de Jesús Ángel,
a encontrarme con Alberto Barefoot Bdn
y con Joseph Natural Runner, que creo que viene de Castellón para correr la
maratón con huaraches 💪 Nos
saludamos y comenzamos a intercambiar impresiones. Tengo un ojo pegado a mis
amigos y el otro lo tengo pegado a la barra, vigilante 🕵️♂️ ya
que veo que la señora a quién le he pedido el café ☕ hace ya unos 5 minutos, por
lo menos, está repartiendo vasitos a lo largo y ancho de la barra, y parece que
se ha olvidado de mí 😠
Me hace gracia estos
"Descalcistas", jajajaja, puesto que empezamos con nuestros achaques,
a mi me duele aquí, a mí allá, iré controlando a ver qué tal van los dolores,
pero, dan el pistoletazo de salida, y, salen todos “cagando leches”, jajajaja 🏃♂️💨💨💨
Yo me empiezo a impacientar. Miro el
reloj, ya que tengo que vestirme y necesito mi tiempo para ponerme mis
“cachivaches”, y eso, que he reducido el peso de mi “súper bolsa de deporte”
hasta la mitad por lo menos. ¡Yuju. Viva el minimalismo! 😅
Tenemos que hacer la foto con la
camiseta solidaria del “Síndrome de Kabuki”, una enfermedad rara adónde las
haya, menos de 400 casos detectados en todo el mundo. El síndrome de Kabuki es
una enfermedad caracterizada por anomalías congénitas múltiples como rasgos faciales
típicos, anomalías esqueléticas, discapacidad intelectual entre leve y moderada
y déficit de crecimiento postnatal. Y José Luis es el artífice y promotor de
dicha lucha para dar visión y notoriedad a dicha causa. Nara, su hija de 10
años, padece tan extraña enfermedad, y, claro que hay que hacer ruido, para que
se den cuenta los políticos que en realidad la sociedad está compuesta por
ciudadanos de primera, de segunda, de tercera clase, y, lamentablemente, luego
además están los que no se ven, los que son casi invisibles. Hay que luchar por
una sociedad más justa. “¿Es técnica la camiseta?” Le pregunto a Human Running.
Me contesta que sí, y decido correr con ella. Este tipo de apoyos no me pesan
en absoluto 🙂
Después tengo que hacerme la foto con mi
club C.E. Trail Tarraco, a las 8:45 en la entrada del recinto. Y antes,
también, tengo que dejar en el guardarropas la bolsa de deporte.
Y a todo eso, ¡coño! veo que la señora
de la barra está a punto de servirle cortados a nuestro amigo Antonio, habiendo
llegado mucho más tarde que yo 😡 “A ver señora, ¿esto qué es?” Le inquiero refunfuñando ligeramente. Me
responde que es un cortado. Pero sé que no es un cortado porque todavía no
lleva leche. “¿Lleva leche?” Le repregunto para confirmarlo. “Pues entonces
esto es un café. Qué llevo 1 hora esperando, señora” Le digo al final dejándole
el €urillo encima de la barra 😤
Y mientras esperamos a éste y al otro
para estar todos juntos, finalmente nos hacemos la foto solidaria para dar
soporte al 'Síndrome de Kabuki' ❤💕
Son las 8:40 y la salida es a las 9:00
horas. Me voy “flechao” hacia el guardarropas 🏃♂️ Desde la distancia no lo encuentro. Me dispongo a cruzar dos enormes y
largas filas. ¡Coñis! “¿Esta cola para qué es?” Pregunto a un muchacho que me deja
pasar pensando que iba a cruzar una de las interminables filas de gentes. Y me
contesta que es una de las filas del guardarropas 😱 ¡Joder!
Pues son las 8:43 y si espero no llego para la foto del club que es a las 8:45.
Salgo del pabellón con la bolsa
dispuesto a dejarla en el maletero del coche, ya que pesa poco y no está el
coche aparcado tan lejos. Justo salgo del pabellón y me topo con dos de los
integrantes del C.E. Trail Tarraco. 🐺 “¡Lobos!” Les grito. Es la palabra insignia e imagen del club, puesto un
lobo feroz está dibujado en las vestimentas. Se dan media vuelta. Pero ni yo a
ellos ni ellos a mi creo que me reconocen. Es un club grande y yo hace “dos
días” que he ingresado. Pregunto y estrecho la mano de uno. ¡Jolines! Vaya
memoria la mía, que ya ni me acuerdo de su nombre. Ahora investigando un pelín,
creo qué se trata de Jose Maria Lopez Villada. Luego pregunto el nombre y
alargo mi mano para estrechar la mano del otro, y me dice que me conoce, de
haber coincidido los martes en el faro para hacer los entrenamientos de técnica
y velocidad 😳
¡Jó! Cuando tenía 20 años ya empecé a
ser consciente de que la noche te cambiaba. Pero, veinte pico largos años
después, sin alcohol ni nada de esto ni nada de nada de aquello, pues acabo de
descubrir que la noche sigue cambiando 😂 Ahora deberá ser cosa solamente de la luz artificial y de la pérdida de
visión gradual a la que estamos sometidos con el paso del tiempo, porque debo
decir que su cara no me sonaba 🙄
Llegamos al punto de encuentro y allí
espera una pequeña “manada de lobos” 🐺🐺🐺 La “Gran Manada” está celebrando el aniversario del club en Horta de Sant
Joan, en la Terra Alta, provincia de Tarragona. Y debo decir que me sigue
chocando que socialmente la gente te mire “raro y recelosamente” al verte
diferente, inclusive, perteneciendo a un mismo grupo. Claro está, en este caso,
por no llevar zapatillas. Y ya no lo digo a nivel de club, lo digo hasta a
nivel familiar, que ya no creo que haya cosa más cercana o pegada a tu sangre.
Y es que a día de hoy, tampoco, nadie en la familia, se me ha acercado a
preguntarme el por qué corro descalzo 😶 Y digo yo: es que la gente no es curiosa, y, en vez de mirarte “raro” no
es capaz de acercarse y preguntarte: ¿el por qué corres descalzo? Por la contra,
se echan para atrás y se quedan haciendo prejuicios, juicios y seguidamente te
pegan un adhesivo y te colocan en una estantería social a la que deberías
pertenecer. ¡Uhm! Manda huevos, ¿eh? 😕
Finalmente le pido prestado el
cortavientos a Jose Maria Lopez Villada, pues todavía no tengo equipación del
club, para la foto 📸 Justo
antes de apretar el gatillo aparece otra chica que dice ser del club. Nadie la
reconoce y asimismo se le es prestada otro paravientos. Tras el menester
colectivo, José María me inquiere sobre la distancia que voy a emprender. “La
intención es hacer los 30K. A ver si los acabo…” Le replico con media sonrisa
en mi boca. “¿A cuánto irás?” Me vuelve a inquirir. “A 6 min/km” Le contesto
arqueando ligeramente las cejas. No me dice nada más. Le devuelvo el
cortavientos y nos deseamos suerte.
Solo hago que cruzar la calle para dejar
la bolsa de deporte. Cierro la puerta del maletero y veo a Jesus Angel y a Human
Running calentando. ¡Ondia! Pues apenas quedan poco más de 5 minutillos
para comenzar y no he calentado. Y la verdad es que no me preocupa, puesto que
mi velocidad de crucero no es exigente, son unos 6 minutos por kilómetro, eso
es más bien lento, por ende, no creo que me lesione a esas velocidades 😅
Pues hala, “cada mochuelo a su olivo”🦉 y yo que me acerco hacia el “gallinero” del arco de salida, hacia la parte
de atrás del todo, ora trotando, ora parando y revisando al mismo tiempo la
mochila de “trail” para asegurarme qué lleve todo en su sitio. Las huaraches.
El móvil. Llaves del coche. La manguerita del agua parece que se atasca un
poco. La vuelvo a revisar. A continuación compruebo contar con mis geles,
barritas y sales. Y, ya por último, los mejunjes caseros de isotónico que me
ideo. Todo OK 👌
Atrás del pelotón de corredores, hago
unos pequeños estiramientos de cuádriceps, gemelos y poco más. Me pego a las
libres de las 4 horas del maratón. ¡Uhm! Ya no me acuerdo del ritmo de las 4
horas. “Son 5:40 min/km” Responde a mi pregunta un “runner” que estaba cerca de
ellos.
¡Eh! Se me pasa por la cabeza de
seguirlos. Si bien desisto al momento, ya que mi idea son los 6 minutillos por
kilómetro y, por encima de todo, lo que deseo es acabar la carrera.
Se escucha el petardo de salida. Parece
que hay bastante menos gente de la media maratón que se celebra en noviembre,
porque de seguida nos pusimos en marcha y con espacios suficientes para
adelantar a corredores en caso de necesidad y sin tener que ir zigzagueando.
Me coloco por delante de las libres de
las 4 horas 🐇 ya que
salen bastante despacio. Bueno, si ese es el ritmo que llevarán, entonces sí
que las sigo, me digo 😃 Salimos
del recinto de la “Anella Mediterrànea”, giramos en la rotonda y los “pacemakers”
de las 4 horas del maratón ya se colocan a ritmos de 5:40 min/km. Me coloco
justo detrás de ellos. ¡Cachis! No, sin duda alguna, ese no será mi ritmo de
crucero. Y veo cómo se va alejando el estandarte que marca las 4:00 horas
progresivamente 👋
A unos escasos 300 metros, volvemos a
hacer otro giro de derechas y bajamos ya por la calle Riu Segre. ¡Vaya! Hace
poquito que hemos empezado, no obstante, no consigo sentir los pies ni texturas
ni las sensaciones del suelo. Era como si los radares de las plantas de los
pies los tuviera en “Off” 🤨 Así que
decido incrementar cadencia, alargar zancada y, ya por último, me subo a la
acera y corro por la mitad de la rambla, en dónde siento un sutil cambio de
textura por las baldosas finas, pero poco más 🤔
Correría durante unos 250 metros y
decido volver de nuevo al asfalto, y, de la misma manera apenas noto cambios y
nuevas sensaciones en los pies. Parece que sigo un ritmo constante pero sin
adaptarme a las superficies que tengo bajo las plantas 🙄
Se acaba la larga bajada de la calle Riu
Segre y empalmamos con planicie de la carretera Nacional-340. Ahí noto
ligeramente la rugosidad del asfalto, sin embargo, me percato, que tampoco
estoy recibiendo información del resto del cuerpo. Mis sensaciones corporales
eran casi nulas 😰 Era
prácticamente como correr ciego de pies y de cuerpo 😭 Sé que
no voy ni demasiado deprisa ni demasiado rápido porque me lo dice el reloj. No
obstante voy sin sensación alguna, y parece que voy obturado tanto de mente
como de físico😱 ¡Por
dios! Estoy a punto de pararme. Miro el reloj y apenas llevo recorridos poco
más de 2 kilómetros. No sé si detenerme. Me hago un auto escaneo del cuerpo y
me siento, sin duda ninguna, insensible 😖
Parezco un robot correteando 🤖 Y me quedan 28 kilómetros por delante. ¡Joder, joder, joder…No sé qué
hacer…! 🤦♂️
La temperatura ambiente no es fría para
nada, estaríamos rondando los 12 o 14 grados. Eso, corriendo, te permite entrar
en calor de seguida. Soplaba ligero viento, si bien tampoco era frío.
Finalmente decido seguir un pelín más, a ver si realmente es cuestión de mi
cuerpo que sigue estando frío, frío, frío... ❄
A sabiendas del tipo de terreno que me
espera, puesto que el circuito es muy parecido al de la media maratón de
noviembre, sigo “palante” a ver qué ocurre. Y medio, por no decir tres cuartos
de hipnotizado, llego a la plaza Imperial Tarraco. ¡Auch! Cómo pincha el
asfalto 😢 Está
fatal ese trocito que nunca había hecho descalzo. Y encaro la Rambla Nova que,
sorprendentemente, hasta la altura de la calle Ramón y Cajal, y que tampoco
había corrido descalzo por ahí, resultó ser bueno para los pies 😊
El resto de recorrido hasta llegar al
muelle de Llevant, la parte del faro, que es una auténtica alfombra para los
pies, lo tenía ya “controlado”👍 Fui mirando fugazmente los avisos del reloj. Sabía que iba por encima de
los 6 minutos por kilómetro, pero, me importaba un pepino, ya que seguía sin
sentir demasiado mis sensaciones corporales. Tan sólo prestaba atención a los
avisos de comer y beber. Así, pues, iba, literalmente, con el piloto automático
puesto, ya que por entonces, al tener el cuerpo caliente, la cabeza solamente
le decía a mis pies, piernas y brazos que se moviesen. Aparte, claro está, de
ir mirando la superficie del suelo para evitar percances 😑
Bajando hacia la playa del Miracle
adelanto a unos cuantos corredores. Y justo en el parquin de la playa tuve que
parar forzosamente a orinar, larga y extendidamente 😶 ¡Ups!
Eso me dice, qué mi cuerpo no está reaccionando tal cual ante el frío u ante
una carrera normal. Pues conociéndome, sé que el frio me provoca todo lo
contrario: sí, orinar, si bien rápida y cortamente 🤔 Ese gesto biológico 🚾 lo tuve
que realizar durante cuatro veces a lo largo de toda la carrera.
Me planto en Moll de Llevant, en el Faro💡cómo se
le conoce popularmente. Allí se empieza a notar ya cierta intensidad en el
viento, ya que toca de lleno en el espigón marítimo 🌊 La
entrada al muelle parece que toca el viento de costado, pero sin problemas.
“Vamos, vamos! Les vocifero a Jesus Angel
y a Alberto Barefoot Bdn que vienen de
vuelta y van juntos charlando. Ellos me devuelven el saludo y sigo mirando a
las liebres con sus respectivos estandartes que me cruzo al otro lado; 3:30
horas, 3:45 horas y 4:00 horas, si bien a Human
Running y a Antonio Fontiveros
nos les vi el pelo. Debían de haber pasado antes 🏃♂️💨💨💨
Llego al giro de 180 grados. Allí me
tengo que abrir un poco para realizar el giro a causa del empuje del viento.
“¡Hostia, hostia, qué derrapas!” Me dice un señor que estaba en el paso de
control de chip y de giro. “Me faltan neumáticos” Le digo yo mirándole de reojo
😅
¡Y vaya! La vuelta por el muelle, ya se
empieza a notar la fuerza del viento en contra. No es harta dificultosa, sin
embargo, te ralentiza y hace centrarte en la técnica y encogerte un poco, en
ese acto reflejo inconsciente o, tal vez, muy consciente, de hacerte más
pequeño y así salvar parte del rozamiento del viento.
Saliendo ya del faro veo a un corredor,
de una cierta edad, parado a unos escasos metros de un par de conos que han
sido derribados por el efecto del viento 🚧 “¿Es pallá?” Me pregunta indicándome con su dedo índice derecho hacia el
paseo marítimo de Rafael Casanova, o sea, hacia la playa del Miracle por dónde
habíamos venido. ¡Recórcholis! Me hace dudar unos segundos. Sin parar de correr
giro la cabeza hacia el lado opuesto, a la parte del Serrallo. Y sí, allí veo
más conos, en pie, que marca el recorrido a seguir, por dónde era lo previsto.
Le aviso al corredor y me da las gracias y me despido de él levantándole el
pulgar derecho 👍
En la zona del puerto pesquero del Serrallo
conseguí adelantar a dos o tres corredores más. Sé que voy de los últimos,
puesto que en el faro vi a la “moto-escoba”🏍 y a la supuesta última corredora durante el trayecto de regreso por el
espigón. Y me importa un bledo la posición, a decir verdad, ya que claramente
mi objetivo era acabar la carrera 😏
Y sigo con mi ritmo “Robocop” 🤖 En la calle Vidal i Barraquer echo mano de un gel. Me lo tomo. Voy a echar
un trago de agua y ¡coña! apenas me sale agua por el tubito. Me gusta ir
autosuficiente, en especial, por utilizar mis pócimas isotónicas caseras. Pero,
¡no problem! hay avituallamientos a lo largo de todo el recorrido. No hay que
preocuparse de nada 😊
Empiezo a subir la ligera pendiente de
la calle Enric d’Ossó, y, ¡Tela Marinera! Qué mal encontré ese tramo 😱 y eso
qué ya lo hice en la media maratón de noviembre, pero ese trozo fue casi
insoportable ésta vez. Ahí me adelantaron varios corredores a los que ya había
sobrepasado. ¡Sin problemas! Yo a lo mío 😉
Además me quedaba otro tramo bien malo,
el de la rambla del president Lluís Companys, la zona de El Corte Inglés. En
cambio, inesperadamente, ésta vez lo encontré bastante apacible para mis
plantas el tan mal esperado asfalto. ¡Cáspita! Cómo cambia la película de una
carrera a otra, ¿eh? 🙄
Encaro la larga recta de la avenida de
Roma, la vuelta hacia la “Anella Mediterrànea”, y ya empiezo a buscar líneas
blancas y el asfalto brillante y pulido. Ahí ya comencé a sentir los pies y
piernas cargadas.
A media avenida, apenas vislumbro a un
corredor que viene, también, por el centro de la carretera, en dirección
contraria, y descubro que me está mirando y, además, qué me está sonriendo.
¡Ondia! Pero si es José Luis 😄 qué ya está bien adentro en su segunda vuelta de la maratón. “¡Vamos,
vamos José Luis. Dale, dale…!” Le animo a voz en cuello. Qué “mákina” 💪
Y yo, a lo mío. A lo “Robocop in Action”
🤗 Justo conecto con la Nacional 340.
“¡Vamos lobo!” Le animo a Jose Maria Lopez Villada, quién me prestó el cortavientos
del club C.E. Trail Tarraco, justamente cruzarme con él en su segunda vuelta de
los 30K. Y él, me devuelve el saludo simpáticamente 😊
Algo más tarde, detecto a Antonio Fontiveros, que viene ya en la
segunda vuelta de los 30K. Voy a preguntarle qué cómo iba, pero justo antes de
formularle la pregunta, veo en su rostro una enorme sonrisa de oreja a oreja.
“Me quedan 6 kilómetros” Me responde vigorosa y enérgica y felizmente. Sin
duda, iba en una completa 'ciclogénesis explosiva' de júbilo, de regocijo y de
éxtasi. No hace falta decir que Antonio se lo estaba pasando en grande 😁
Un par de kilómetros después me cruzo
con Jesus Angel, de la misma manera, en
la segunda vuelta de los 30K, también en la N-340. “¡Venga Jesús. Dale!” Jesús
Ángel me contestó algo, que no recuerdo, o no entendí bien, mostrándome
solamente un cuarto de sonrisa en su rostro. Y creo que los otros tres cuartos
de sonrisa los llevaba en el interior de su cuerpo, pues lo vi firme en su
zancada, cómo una verdadera apisonadora, cómo una eficaz locomotora 🚅 que ya
no se podía parar 💪
Y justo cruzarme con él, intentaba
extraer las sales y una barrita energética. ¡Paf! Tengo que parar y darme la
media vuelta y agacharme porque se me ha caído el sobrecito de sales al suelo.
“¡Vaya. Qué se me caen las anfetaminas!” Digo en voz alta mientras recojo las
sales 😅 Otros
corredores que iban cerca de Jesus Angel,
me dispararon una mirada intrigante y desconcertante a la vez, supongo mientras
veían a un corredor descalzo agachándose y diciendo que estaba perdiendo sus
anfetaminas 😂
Unos minutos después me cruzo con Alberto Barefoot Bdn. “¡Venga José Ángel!” Se
me adelanta él en los ánimos. “¡Vamos Alberto!” Le contesto. Alberto iba
saltarín y enérgico como siempre le caracteriza 😃
Yo ya encaro la larga subidita que me
devuelve a la “Anella Mediterrànea”. Me lo tomo con más calma si cabe. Entre
algunos ánimos incondicionales y algunos pichazos de “chinarros asesinos” me
planto arriba. Giro a la izquierda del paseo, llega lo plano, y, a medida de
que me voy acercando al giro de la segunda vuelta, me empiezo a preguntar cómo
voy 🤔 Son 10 kilómetros más. La verdad sea
dicha, es que apenas siento y apenas pienso. Y la respuesta de mi “Modo
Robocop” es simple y plana: voy. Así que decido seguir con la segunda vuelta 😶
Justo antes de realizar el giro en la
rotonda veo a personas que me van animando, en especial, dos chicas qué, muy
efervescentemente, no paran de mirarme, de aplaudirme y de gritarme. Pero me
llamaban Jordis. ¡Uhm! Yo no me llamo Jordi. Además, me fijé que en el dorsal
tampoco estaba escrito el nombre. Y, menos, me llamo Jordis, en plural 🙄 No obstante,
ellas me perseguían con sus miradas y lanzaban dardos de entusiasmo y energía.
Pues a dos metros de ellas, les devuelvo
las miradas, les sonrío y le alzo levemente la mano izquierda como saludo. Y,
eso, que ellas, se enaltecen incluso más a mi paso 😳 Un
segundo después, cuando me sobrepasan por el costado contrario, cómo dos
auténticos torpedos 🚀 un par
de corredores a toda pastilla, y que supongo que serían los tales Jordis 🙄
Nada, que hago el giro a la rotonda para
comenzar la segunda vuelta, con ese ritmo “Robocop” 👾 y con
esos 5 gramos de cara de “tontorroncillo” que se le queda a uno tras el mega
adelantamiento de los dos Jordi a mis espaldas 😬
Y precisamente, al doblar la primera
curva de derechas, me doblo de nuevo con Jose Maria Lopez Villada, del club
C.E. Trail Tarraco, que ya está terminando los 30K 😯 Primero
saludo a una desconocida que me está animando por mi costado derecho. “¡Vamos,
vamos, qué ahora sí qué lo tienes!” Le grito al compañero del club. Él me
contesta algo que no llegué a entender, eso sí, con una sonrisa en su boca. Eso
lo entendemos todos. Eso es universal 😁
Voy corriendo por la larga bajada de la
calle Riu Segre. Sigo con ese dichoso ritmo 'anestesiado' 😑 A medio
paseo, veo a un corredor, joven, que está parado justo en la mitad del paseo y
está hablando con un voluntario de carrera. Por los movimientos de brazos,
parece que le preguntaba por direcciones. “¡Yep! Esa cara me es familiar” Me
digo con firmeza 🤔 Le miro los pies. Lleva zapatillas.
Claro, creo que era Yoel Diaz del Caño.
No tengo el placer de conocerle en persona, pero estamos conectados en las
redes sociales. Es un excelente corredor minimalista y un poco descalcista. Y
sé, que estaba en la maratón, como probador de una reconocida firma de
zapatillas deportivas. ¡Ups! Parece que algo ha ido mal 😟 Y ahora
sé que tuvo problemas de ciática 😥
Continúo descendiendo y empiezo a lanzar
miradas al otro lado del paseo, pues creo que Antonio
Fontiveros no debe andar demasiado lejos ya en su regreso. Llego de
nuevo al cruce de la carretera Nacional 340 y no he visto a Antonio. A quién sí
he visto y cada vez más cerca, es a una chica quién me adelantó en el espigón
cuando paré a hacer mis necesidades 🧐 Antes de
meterme de lleno en la N-340, me paro, ahora ya sí y por fin, una última vez
para orinar.
Reemprendo la marcha y a los pocos
metros veo que me viene de frente la 'apisonadora', esa locomotora que no
pierde pistonada 💪 Sí, se
trata de Jesus Angel. Ahora sí que le
noto media sonrisa en su facie. “¡Me quedan 2 kilómetros!” Me suelta entonces
con casi tres cuartos de sonrisa en la boca. “¡Lo tienes en el bote!” Le
argumento devolviéndole una sonrisa, ya que es gratis y que apenas supone un
gasto energético innecesario y, aparte, de ser un regenerador fenomenal del
espíritu 😄
Bueno, pues eso quiere decir que Antonio
debe de estar a puntito de llegar a meta. Será el primer descalcista en cruzar
la línea de meta en Tarragona. Y yo que continúo para adelante en ese “modus
roboticus” 🤖 qué ni me hace sentir envidia cochina
ni envidia sana por mis compañeros descalzos. Tan sólo sé que me quedan 8
kilómetros por delante y sigo con lo que tengo programado en la testa 🤗
Después de unos escasos minutos doy
alcance a la corredora que tenía por delante. “¡Ánimos qué ya casi lo tenemos!”
Le aliento viendo y observando que realmente porta un ritmo bastante cansino y
fatigado. “¿Haces la de 30?” Le pregunto algo intrigado 🙄 ¡Fiu! Me
contesta que sí. Y menos mal, porque de hacer la maratón, me aventuro de que
serían posiblemente demasiados kilómetros de sufrimiento. “¿Y tú? ¿Haces la
maratón?” Me inquiere ella a continuación. “¡No, no. Treinta. Treinta, ya está
bien!” Le replico mirándole por mi costado derecho y dejando a media altura mi
brazo derecho. “¡Pues te veo muy bien!” Me asegura una vez que la había
sobrepasado por completo 😳
¡Qué curioso eso de las impresiones!
Pues es un tanto enigmático que sensaciones y mensajes damos a los demás, o,
por la contra, lo que las personas perciben de nosotros🤔 En definitiva, que yo iba inerte, sin saber si iba bien o mal. Solamente
sabía qué iba, qué me desplazaba con mis piernas, qué iba en movimiento. Le
vuelvo a dejar mi brazo derecho a media altura a la corredora como saludo 🤚
Llego al puente y busco la acera que
tiene baldosas lisas y confortables para los pies. Los transeúntes que viene en
contra dirección, algunos anonadados tras verme los pies desnudos 😲 se
apartan de seguida para dejarme el paso libre. Yo le mantengo mi mano alzada en
señal de agradecimiento.
Se me ha acabado el puente y vuelvo al
mediocre asfalto que me llevará hasta la plaza Imperial Tarraco ⚔ Ya la huelo. La tengo a la
vista. Hay un avituallamiento en dónde me ofrecen geles, plátano y agua 🧐 El botellín de agua lo agarro en un santiamén. Un trocito de plátano lo
rechazo. Y también me hago con el gel. ¡Uhm! Miro el gel y no sé por qué no me
viene de gusto y me lo guardo. El agua me la llevo a uno de los bolsillos
frontales de la mochila. Y ahora sí, en una segunda mesa vuelvo a ver trocitos
de plátano y me hago con uno 😋
Y a veinte metros está la icónica plaza
de la ciudad de Tarragona. “La vuelta es en la plaza, ¿verdad?” Le inquiero a
un señor de mediana edad. “¡No, no, qué es aquí mismo!” Me alerta haciendo
aspavientos con uno de sus brazos en la correcta dirección 😳
¡Jolines! Casi que me lo llevo por
delante 😅 Y mira
que había sitio para realizar el giro. Pero entre que estaba haciendo malabares
con la mano izquierda, intentando meter un poquitín más hacia adentro el
botellín de agua en el bolsillo portabidones de la mochila, ya que un flask,
medio lleno, me impedía la tarea 😕 Y que entre la mano derecha y la boca, estaba pelando el trozo de plátano,
y, que de repente tenga que girar 180 grados, y que las plantas de los pies las
tenía sensibles, pues casi que me tropiezo con mis propios pies y caigo encima
del señor 😂
Sin embargo, el señor, un tanto
avispado, me las vio venir y me hizo un pequeño “dribling” consiguiendo
sortearme aunque no evitara que le rozara con mi hombro derecho 🤭
“¡Joder! ¿Descalzo y además con lastre?”
Me pregunta acto seguido uno de los chicos que está en los avituallamientos.
“No. Lastre no, pero llevo de todo en la mochila por si acaso: zapatillas,
agua, llaves, pañuelos… “ Le respondo antes de hincarle el diente al plátano 😋
Y, de súbito, escucho un formidable
estruendo justo por detrás del muchacho. Giro al momento la cabeza y descubro
que es una valla metálica, de la organización de la carrera, situada
estratégicamente entre la confluencia de dos calles, que ha sido derribada por
una ráfaga de viento 😱 ¡Ups!
Parece que el mal tiempo pronosticado ya está aquí. Y en apenas 50 metros más
abajo, escucho otro sonoro ruido, no menos estruendoso que el anterior, y que
asimismo pertenecía a otra valla “tocada y hundida” por otra ráfaga de aire 😱
Debo decir que me salían chispas de los
pies, cada vez que escuchaba ese seco y escandaloso sonido metálico, siendo
volcado por tanta furia “invisible” 😰 Temía que un golpe aire inesperado de viento, trepase una de esas vallas
sobre mis pies😨
Como, bebo bastante agua y encaro ya,
ahora sí, la definitiva vuelta. Con algunas “malvadas” rachas de viento de
cara. ¡Buh! Me acordé en esos instantes de nuestros amigos maratonianos
descalzos. Tanto José Luis como Alberto no lo iban a pasar demasiado bien con
ese temporal de viento y con los kilómetros recorridos y acumulados en las
piernas y pies desnudos 😞
Justo antes de cruzar el puente de
nuevo, hay un grupito de chicas animadoras. “¡Venga, vamos, enséñanos esa
bonita sonrisa que tienes!” Me grita una de ellas a los ‘cuatro vientos’, nunca
mejor dicho 😄 Y tardé
milésimas de segundo en mostrarles una gran sonrisa. ¡Y qué sencillo qué es
sonreír! Lo deberíamos hacer mucho más a menudo 😁
Piso ya la carretera N-340. Por suerte,
solamente fui atizado por las ‘malévolas’ rachas de viento un par o tres de
veces más. En la cuneta de la carretera, me anima y me sonríe una chica, de
mediana edad, y su cara me suena familiar 🤔 Le
levanto el pulgar. Me quedo pensando. ¡Claro! Sí, creo que es ella, ya que un
día mientras practicaba series de velocidad en la pista de atletismo de la
“Anella Mediterrànea”, durante la fase de enfriamiento, me descalcé e hice unos
cuantos kilómetros descalzo sobre el tartán rojizo 🤗 “¿Y por qué descalzo?” Pienso que fue ella quién se colocó a mi altura
para interesarse. Y yo, más feliz que una perdiz, le expliqué el por qué de mi
descalcismo 😊
Estoy acabando el tramo de la Nacional.
Me adelantan algunos corredores, unos me animan. Otros no. Al otro lado de la
calzada hay una larga hilera de coches 🚗 No sé si es por los semáforos o es debido a otros temas que desconozco.
Desde un turismo, que tenía la
ventanilla bajada, la acompañante del conductor, jovencita y guapetona ella,
con unos hermosos y radiantes ojos azules, me dice algo que no comprendí en
absoluto. Me sonó a ruso, tal vez a rumano, pero no entendí 🙄
100 metros después, escucho el claxon
‘desbocado’ de un todoterreno, de color blanco. Tuerzo mi cuello a la izquierda
y, a través del cristal, veo un brazo y un puño en alto, como el de los
“emojis” 💪 Su amo
me está gritando algo al mismo tiempo que agita levemente el brazo y su cabeza
con ímpetu. ¡Bien, bien! Sin duda me está animando. Levanto ésta vez mi pulgar
izquierdo 👍
Y comienzo a subir la larga calle Riu
Segre, por segunda vez. El temido paseo se me hizo una especie de muro en la
media maratón pasada. Si bien, cómo que voy “modus roboticus” 🤖 la verdad es que ésta vez ni me paré a pensar en ello. Sólo me dedicaba a
continuar corriendo 🏃♂️
Me adelantan más corredores. Alguno me
recuerda que me quedan apenas 2 kilometrillos. Otros transeúntes y espectadores
me animan ☺ Yo voy
subiendo, a mi ritmo. “¡Venga, José Carlos!” Creo escuchar entrecortadamente
por mi costado derecho 🤔 Miro en esa dirección de reojo y veo un
torso desnudo 😳 ¡Joer!
No lleva nada en la parte de arriba. Se me agrandan los ojos al intuir pechos y
pezones al aire 😍 Vuelvo a
mirar con más atención si cabe y observo que ese cuerpo pertenece al sexo
masculino 😞 Alzo un
poco más la mirada y descubro el rostro de Jose Luis, es Human Running, que ya me ha dado caza 😳 teniendo
en mente que está haciendo la maratón 💪 Será el primer descalcista en completar la larga distancia. ¡Qué Mákina! 😃 Cómo no,
le doy mis ánimos y contemplo con gran interés cómo se va alejando de mí con un
fantástico ritmo y técnica de carrera 😍
Acabo la subida y giro en la rotonda
para afrontar ya los últimos 300 metros de carrera 🏁 ¡Auch!
Me clavo un ‘chinarro asesino’ en mitad del metatarso izquierdo, justo adónde
sentía dolorcillos en estas últimas semanas 😨 Me hace levantar la rodilla izquierda al sentir el agudo dolor. Reniego un
par de palabras malsonantes. Y, cinco metros más allá, me vuelvo a clavar otro
‘chinarro asesino’ en el mismo pie y en el mismo punto recién adolorido🤦♂️ Vuelvo a renegar y no en arameo y sí con algo más de rabia 🤬 ¡Uff! Menos mal que esos pinchazos desaparecen en pocos segundos 🤗
Me acerco a la última rotonda que me
presentará la recta de meta. Algunas personas y corredores que ya han acabado
la carrera me animan a dar los últimos pasos. Voy levantando manos y pulgares
en agradecimiento✋👍
“¡Venga. Vamos campeón, qué ya lo
tienes. Muy bien, muy bien!” Me alientan unas chicas con enorme júbilo desde el
interior mismo de la rotonda. Y debo decir qué esos clamorosos ánimos me
sintieron como una auténtica patada en mitad del estómago, puesto que me hizo
abrir los ojos, abrir mis sentidos y mis percepciones sensoriales, musculares,
anímicas y psicológicas sobre la carrera que estaba a punto de acabar 😭
En cuestión de segundos, repaso la
carrera entera por todo mi cuerpo y mente. Y me surge un repullo desde el
mismísimo interior de mis entrañas de dolor y sufrimiento vivido durante la
carrera. Me invade la tristeza por todo el cuerpo. Intento buscar las
sensaciones buenas y alegres en mi cuerpo. Pero desgraciadamente no encuentro
ni una. Mis cavidades oculares entonces se me empiezan a llenar de lágrimas. ¡Joder.
Vaya mierda de carrera! En mi vida, deportiva, he sentido nada igual. Sobre
todo al finalizar una carrera 😔
Estoy entrando en la recta vallada de
línea de meta. Tengo ganas de llorar. Quiero llorar pero no me sale ni una
lágrima. A escasos metros, por detrás del cercado, escucho a gente aplaudirme,
el ‘speaker’ que está diciendo algo sobre mí, pero todo eso lo siento a miles
de kilómetros de distancia. Ahora sí que sólo deseo pasar por el arco de meta y
parar el reloj.
Entonces me llegaría la parte más dura
de todas. Choco la mano del ‘speaker’. Una de las voluntarias me cuelga la
medalla al cuello. Me aproximo a coger agua, un isotónico y un plátano entero.
Bebo agua. Empiezo a comerme el plátano. Levanto la mirada y localizo a los
amigos descalcistas al final de la barra de avituallamiento.
Se me acerca José Luis en primera
instancia a felicitarme. Hago lo mismo con él y con el resto de compañeros.
Intercambiamos información. Todos ellos están pletóricos. Les ha ido fenomenal,
mucho mejor de lo esperaban. ¡Yujuuu! Me alegro por ellos 💪
Yo, en cambio, me siento un tanto
desorientado con mis sentimientos y emociones encontradas. A decir verdad, no
sé cómo diantres me encuentro 😞
José Luis y Antonio dicen que va al
coche a por no sé qué. Nos quedamos Jesús Ángel y yo esperando además de a
ellos, a Alberto Barefoot Bdn, pues es
el único que falta por llegar 🤞
Justo acabo de comerme el plátano y me
comienza a subir unos síntomas de frío desde el estómago. ¡Uhm! Qué raro, estas
sensaciones son totalmente nuevas para mí. Jesus Angel está 'embobado' con el
móvil. Yo cada vez siento más y más frío ❄
Necesito moverme, necesito que mi cuerpo
entre en calor. Entonces le digo a Jesús que voy a tirar la cáscara del plátano
a una papelera qué, por suerte, la veo bastante alejada de nuestra posición.
Vuelvo de mi escueta ruta de ‘plogging’
pero continúo sintiendo el frío por el interior de mi cuerpo. Las rachas de
viento empiezan a intensificarse de verdad, la cosa se pone seria y fea 🌬 Empiezan
a volar cintas, a caerse alguna valla y hasta caerse una carpa a no demasiados
metros de distancia de nosotros. Eso no ayuda a calmar mis sensaciones ni a mi
temperatura corporal 🌀
Llegan José Luis y Antonio Fontiveros. Le comento a José Luis
que estoy pasando frío y que me voy al coche. Me dice que me espere un poco
para hacer la foto solidaria final de soporte al “Síndrome de Kabuki. ¡Claro.
Faltaría más! Le respondo. Él me deja su gruesa chaqueta mientras va a
reagrupar a la gente 🧥 Ese calorcito me sienta a 'gloria'.
Nos rejuntamos. Le devuelvo la chaqueta
a Human Running. Hacemos fotos y
algunos de los padres 'afectados' me preguntan qué como me ha ido. “¡Mal. No
creo que vaya a volver a correr esta distancia por el momento. No me siento
preparado!” Les respondo a algunos de los padres 😔
Ahora sí que me despido de los “Amigos
del Descalcismo” 👣 Sigo
estando helado y necesito con urgencia cobijarme. Estrechamos manos y sonrisas.
Antonio, incluso me comenta ya algo de correr maratones. ¡Uffffff! Quita,
quita, estaba yo en ese momento para pensar en una maratón, cuando apenas
sentía los pies y piernas 😰
Llegar al coche, que estaba a unos
escasos 300 metros, fue una pequeña odisea. Apenas podía levantar los pies del
suelo para caminar. No tenía ninguna sensación ni en pies ni piernas. Me dolían
horrores las ingles. Y, para postre, la violentas ya rachas de viento está
tirando los arcos de llegada 😱 Los organizadores están luchando para poder sujetar tales materiales y que
no salgan volando y puedan lastimar a los espectadores. Las vallas que cercan
la entrada a meta están siendo vapuleadas por el viento, como si de cartón se
tratase, y están cayendo a unos escasos metros de mis pies😨 Le
presto atención al vallado, no obstante, en caso de que realmente me fueran a
golpear, tampoco tenía ni la fuerza ni la capacidad de esquivarlas.
Voy a cruzar la rotonda y veo a Joseph
Natural Runner que está entrando ya a la recta final. Me alegro por él y por
los demás corredores de que puedan conseguir finalizar la prueba sin percance
alguno 🤞 Echo un ojo más atrás para ver si, por
casualidad, se acerca Alberto. Pero no se ve ningún otro corredor por las
inmediaciones.
Al cruzar el paso cebra, desde cierta
distancia, me despido de algunos componentes del grupo solidario del Kabuki. No
le pregunté al chico cómo se llamaba pero me dijo que eran de Reus.
Por fin llego al coche. Abro el
maletero. Con cierta dificultad y apresuramiento cojo ropa para abrigarme: el
pantalón del chándal, un jersey, unos calcetines de 5 dedos, las huaraches y el
batido recuperador casero.
Me adentro al auto. Cierro la puerta. Y,
nada más cerrarla, ahora sí que me siento resguardado. El temporal ya lo veo
como cosa ajena. Si bien sigo sintiendo frío por todo el cuerpo. Tiro el
asiento lo máximo hacia atrás posible para colocarme la ropa sin tener que
salir al exterior más. Imposible. Apenas puedo doblar las piernas y la posición
del volante tampoco ayuda.
Salgo del coche y me coloco los
pantalones y el jersey lo más rápido posible. Lo consigo a duras penas. Sigo
muy rígido muscularmente. ¡Uf! Una vez dentro me vuelvo a sentir acobijado y
con un poco más de calor corporal. Me espero un poco para recuperar
sensaciones. Para ayudarme, enciendo el motor del coche para que acompañe la
calefacción. E intento colocarme los calcetines de 5 dedos. Pero no puedo.
Desisto 😞 Me
conformo, pues a los pocos minutos ya que empiezo a notar que ese cuerpo es el
mío y no de otro.
A los minutos, después de dejar de
temblar por el frío, ya empiezo a tomarme el batido. Poco a poco, sin prisas. Y
no sé cuánto tiempo pasé recuperándome de esa ‘anomalía’ física, que creo que
mejor sería decir metabólica. ¡Uhm! ¿Tal vez 15 minutos? ¿Quizá 30? Porqué
después de ese tiempo de calorcito del bueno, bueno, se me pasaron todos los
dolores musculares, en especial los de las ingles 😃 Y lo
comprobé al volver tener que acudir al maletero para recoger las huaraches,
puesto que la bolsa que me traje a priori pertenecía a las chanclas de la
ducha. Y salí y entré al coche sin problema alguno. ¡Joder! Vaya diferencia 💪
Entonces ya sí que me dispongo a
abandonar el recinto de la “Anella Mediterrànea” y volver para casa.
Precisamente miro por el retrovisor del coche cuando doy marcha atrás y veo que
está llegando otro corredor. Lo veo saltarín. Esa manera de correr me suena.
Detengo el coche y vuelvo la cabeza. Y sí, es sin duda Alberto Barefoot Bdn, que está a punto de finalizar su maratón.
¡Pobrecillo! Lo del temporal de viento se lo ha comido todo, todito… ¡ Enhorabuena campeón! 💪
Yo sigo con mi ruta. Deseo llegar a
casa. Ducharme y tener y mantener mi calor corporal. A eso, mentar, que tuve
que echarme al lado de la carretera un par de veces por ciertos calambres en
los pies y piernas. Pero eso ya es más normal. Ya he tenido que lidiar con ello
otras veces 😉
Recapitulando, no sé qué me ocurrió. Sé
qué, desde que soy minimalista, el cuerpo me ha ido cambiando paulatinamente.
Y, en especial y sobre todo, desde que soy descalcista y vegetariano, estoy
notando grandes cambios tanto a nivel físico, cómo muscular y metabólicamente
hablando. Y pensándolo ahora mismo, creo que todo es parte del proceso y
adaptación, o sea, que todo forma parte del camino 🤗 Ahora toca ir ajustando mis pócimas caseras isotónicas y demás mejunjes.
¡Ah! Y entrenar algo más fuerte descalzo 😁
Bueno, pues sólo decir que conseguí
acabar los 30 kilómetros descalzo en un tiempo oficial de 3 horas, 21 minutos y
03 segundos. Por cierto, y qué al día siguiente solamente mi cuerpo se quejaba
de la común fatiga que supone correr 30K, es decir, algo de agujetas en pies y piernas,
y un pelín de hinchadito el tobillo izquierdo. El resto del cuerpo lo tenía en
su respectivo sitio. Incluso, me sorprendió gratamente, qué para no ser
descalcista puro, las plantas de los pies las tenía bastante enteras. Sintiendo
hasta más compactos y fuertes y firmes los pies. En definitiva, que “al mal
tiempo, buena cara” 😀😃🙂 ¡Uhm! La mítica distancia de maratón se huele más cerca. Hala, pues, hasta
la próxima amigos… 😄💪👍👣
Domingo 27 de enero de 2019
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