Carrera: "Trail Muntanyes de la Costa Daurada". 21 kilómetros y 705 metros de desnivel positivo.




"Volvemos a las andadas..."

Después de una temporadilla con ciertos problemas tanto físicos como psicológicos, como emocionales, como espirituales, como sociales... ¡Caramba! Cómo y cuán de complejo es el ser humano... 😞
Por fin he afrontado mi primera carrera de montaña del año, eso sí, con varias dudas de si la acabaría o no, pues antes de empezar la carrera tenía dolor en el talón del pie, en el tobillo y en la rodilla de la misma pierna... 😰

Llego a la localidad de Prades, Tarragona, de buena mañana. Busco en primer lugar la zona de las duchas. Sí amigos, habéis oído bien, las duchas, ya que como no sé en que estado voy a acabar la carrera, si es que la acabo, después se hace una auténtica odisea cargar con la bolsa e intentar llegar a las duchas, ya sea medio cojo, medio dolorido por las agujetas... Y es que es verdad que el diablo sabe más por viejo que por diablo... 😉

Con paciencia y parsimonia, una vez ya me he hecho con el dorsal, me dispongo a cambiarme de ropa bajo los rayos de un hermoso sol de primavera fresquito pero agradable, teniendo en cuenta que el pueblo de Prades, para ser de media montaña, es uno de los pueblos más fríos de Cataluña. Me coloco la banda del pulsómetro en el pecho. Me quito una capa de ropa superior, pues intuyo que va a hacer calorcita a la vuelta y, más, haciendo deporte. Me coloco pantalones cortos. Luego me unto ligeramente las zonas adoloridas con crema calentadora, tras la cremita "milagro" me pongo los calcetines y zapatillas. En los tobillos me ato un sensor de temperatura y otro sensor de cadencia, los llamados podómetros. La cabeza me la cubro con una gorra, por si le da de apretar al sol y, al mismo tiempo, para frenar de alguna manera las gotas de sudor y no te empape las gafas... 👍

¡Vaya, hombre! Entre tanta parsimonia casi me dan el pistoletazo de salida a unos trescientos metros de la meta... 😲 Faltan cinco minutillos, así que le echo un fugaz último trago al isotónico y empiezo a trotar dirección la salida de carrera.

Y lo que llega a hacer la mente, o, tal vez, lo que llega a hacer gente. Puesto que al llegar a la plaza del pueblo, ya no me acordé más de los dolores físicos... 😀 Pido una foto de rigor, me sitúo en la cola del pelotón de corredores y me embrollo en hacer unos pequeños ejercicios de calentamiento.

Y el speaker, erre que erre, no deja de hablar...😡 Ya pasa de la hora convenida. Me empiezo a impacientar. Quiero salir a correr ya... 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1... Y arreando que es gerundio... ¡Yuju! 😀
Y he aquí que me llegó la hora de la verdad. Llevaba días, horas, noches sin dormir, sin comer, para, total, intentar acabar la carrera 😶 Repasaba una y otra vez mi estrategia por la cabeza. A ver, sal a prestar atención a la técnica de carrera. Observa cabeza, braceo, posición del tronco y pisada. Esa era mi única garantía de poder "volver a casa".

Y eso fue exactamente lo que hice 😉 La ventaja de empezar atrás de carrera es que a medida de que vas adelantando corredores te creces, te apasionas, te involucras, te enorgulleces. No obstante también tiene un peligro: el revolucionarte, el pasarte de vueltas y pagar ese esfuerzo extra al final de los kilómetros de carrera, y pasar de la euforia a la miseria en cuestión de segundos... Así qué, había que dosificar fuerzas.

Tras los primeros kilómetros me percaté de que no era el mismo recorrido del año pasado. ¡Fantástico! A descubrir nuevos parajes. Qué siga la aventura... 🤠

Pasado el punto más alto "Tossal de la Baltasana" 1203 msnm. Comenzamos a descender vertiginosamente. Tras unos cuántos metros alcancé a Nuri y Montse, del Club Atlètic Espluguí, e intercambiamos unos cuántas palabras. Y con la "charreta" casi que nos equivocamos de recorrido. Nuri me vociferó: "¡Castro! Qué es por aquí..." Me paré de repente y de paso paré a otras dos chicas que justamente me habían adelantado. También les di el alto y volvimos sobre nuestros pasos al cruce de caminos para coger el nuevo sendero.

Y vaya sendero ❤️ Cuesta abajo, estrechito y con la inclinación adecuada 😍Entonces me dije: "Ya que estamos puestos, además, también podremos disfrutar, ¿no?" 😂 Y vaya que si disfruté. Bajando veloz pero con total control. Adelantando a gente. "¡Izquierda! ¡Derecha!" Iba yo galopando e indicando a gritos a la gente por dónde les iba a rebasar... 😀 ¡Mola! Pero no iba sólo. Un chico se me enganchó a la espalda y bajaba a la misma velocidad... Podía oler su aliento en mi cogote... 😷 Pero no me preocupaba. "Ya me pedirá paso si me quiere adelantar..." Me decía para mis adentros. Bueno, en algún momento sí me llegué a preocupar, puesto que si tropezaba el muchacho, no me arrastrase con él y nos fuéramos los dos barranco abajo... 😱

Y se acabó el "magnífico" sendero... qué lastima... 😥 Qué manera de disfrutar... 😁 Llegamos abajo y empezamos a ver a dos corredores deambulando por dos caminos diferentes... 😳 Están perdidos. No encuentran las cintas de marcaje. ¡Coño! Pues estamos perdidos... 😭 El chico que me perseguía cuesta abajo dice que lleva el "track" del recorrido en el reloj. Nos paramos todos. Mira su reloj GPS. "Por aquí" Indica con decisión. Cien metros después dice: "No. Es por allí" Nos vuelve a indicar. Para que cincuenta metros más allá nos diga: "¡Joder! Pues no sé por dónde es..." Nos dice al final abatido... 🤦‍♂️

"¡Atención! Qué no cunda el pánico" Les digo yo al empezar a escuchar a alguien renegar. "Mejor volver hacia atrás" Le menciono. Total, no estábamos tan lejos. Volvemos sobre nuestras pisadas y vemos un cruce de senderos. "¿Hay cintas por ahí? Le chillo a una chica jovencita que baja por el sendero. "Esa es mi chica. Hemos bajado por ahí" Me replica mi veloz perseguidor desorientado... 🤭 A lo que otro chico dice, creo que es por aquí, el sendero justo de al lado. Nos acercamos y, efectivamente, está repleto de cintas. Pues parriba. Y comenzamos a subir de nuevo la montaña.

A los pocos metros de ascensión, mi "perseguidor desorientado" vuelve a consultar su GPS y nos afirma de que sí, qué vamos por buen camino. Yo empiezo a tener atisbos de familiaridad con el terreno que vamos pisando. ¡Uhm! Me suena. Y efectivamente, al kilómetro de ascender, recuerdo, o mejor dicho, pienso que ese es el sendero que sube al "Pou d'en Pagés". Pues lo descubrí y lo subí haría un par de semanas con la bicicleta de montaña. Y claro, con el panzón de empujar a la bicicleta que me di, cómo no me iba a acordar del dichoso sendero... 😂

Llegados a la cima, todo era cuesta abajo de nuevo, con fuertes pendientes. Eso ya no es tan divertido, puesto en ese terreno tienes que activar los "frenos cuádriceps", y ahí ya empiezas a tener desgaste físico 😰

Y ya afrontamos la última parte de la carrera arribando al segundo y último avituallamiento. Como, bebo, me quejo. No tienen plátano 😱 El plátano es un buen amortiguador contra los calambres. Pero, en fin, dado de que no habían muchos kilómetros ni mucho desnivel, los calambres me respetaron a lo largo del recorrido 👍

El resto que quedaba, unos cinco kilómetros, fueron de fácil sube y baja, aunque un poco "rompepiernas". Llegué a adelantar a algún corredor más, y, al mismo tiempo, me llegó a adelantar una corredora, jovencita, que sobrepasé al principio de carrera. ¡Mola! Todavía me sigue impresionando y emocionando la capacidad de recuperación de algunas personas. Sin duda alguna, el cuerpo humano es una máquina de ingeniería fascinante... 😍

Pues eso, que al final llegué de la parte trasera del pelotón de corredores. Con un tiempo final y oficial de 2 horas, 36 minutos y 24 segundos. Eso sí, feliz y contento de poder haber disfrutado. Hasta la próxima... Salud y kilómetros...😉🏃‍♂️👍


Domingo 15 de abril de 2018



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