Tus pies tu
bandera,
tus pies tu
baluarte,
tus pies tus
cimientos,
tus pies un
don aparte.
Los grandes
olvidados del cuerpo,
venerados por
pocos,
ignorados por
muchos,
se echan en
falta cuándo se necesitan,
ya sea por ausencia
o cuándo fatigan.
Nuestro
primer contacto con el suelo,
al descender de
los árboles,
nos permitieron
cazar y no ser cazados,
forjándose lentamente
tras miles de años,
para
llevarnos a tierras distantes.
Cuídalos bien
y mímalos,
pues son los
pilares de tu cuerpo,
tu sustento
cuando estás de pie,
qué te
permiten el movimiento,
qué te dejan
echar a correr.
Anda por el
parque,
recorre los
cerros,
salta árboles
y ríos,
exigiéndoles
con templanza,
y tus pies
responderán con poderío.
Y al despojarlos
de tu calzado,
tus pies se
sentirán saltarines,
alegres,
saludables y fuertes,
que llenarán
de libertad y júbilo tu alma,
para definir
con regocijo lo que sientes.
Más de siete
mil terminaciones nerviosas los pueblan,
para dar
información a nuestro cerebro,
de todos los
órganos que ostentamos,
en el hogar
de nuestro cuerpo.
Y nos
obcecamos en seguir oprimiéndolos,
apretujados
en calzados imposibles,
sin príncipes
ni cenicientas,
retorcerás
huesos, músculos, tendones y articulaciones,
para acabar
luciendo sofisticados dolores.
¡Oh lindos
pies!
A tus pies
les canto,
qué son excelentes
piezas de ingeniería,
cómo decía el
gran Leonardo Da Vinci,
tanto si te
duermen la noche,
como si te
andan el día.
José Ángel
Castro Nogales
19/02/20
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